Psicología como disciplina y dimensión humana en relación con el capitalismo – Danna Pulido

Danna Fernanda Pulido Contreras / Miníma Marginalia II

Introducción 

¿Son los trastornos psicológicos defectos naturales o resultado de las injusticias de nuestra estructura social? Este es uno de los muchos cuestionamientos que podemos hacernos ante la creciente prevalencia global de diagnósticos de trastornos psicológicos en las últimas décadas. A primera vista parece tratarse de un dilema que llegó a la resolución de una etiología múltiple en donde los trastornos son resultado tanto de los factores biogenéticos del individuo como de los ambientales, sin embargo, los psicólogos suelen observar estos últimos desde una perspectiva más individualista que macro-social, dando menor atención al abordaje y crítica de las raíces sistémicas de los problemas de salud social. El presente ensayo busca analizar las afecciones del bienestar psicológico desde la crítica social, identificando el capitalismo como el principal factor macro-social contemporáneo en el desarrollo de trastornos psicológicos, con un enfoque factual-reflexivo. 

Desarrollo

Para hablar sobre capitalismo y salud mental, primero definamos los dos conceptos.

El capitalismo es un modelo económico, político e ideológico que minimiza la intervención del Estado y busca la privatización de los servicios públicos, enfatizando el libre mercado, promoviendo el consumismo, la competencia de proveedores de servicios y favoreciendo a las grandes corporaciones internacionales. Este modelo económico tomó fuerza en México desde el año 1988, con la llegada de Salinas de Gortari a la presidencia por parte del PRI, sin embargo, a partir de la crisis de la deuda a nivel internacional en 1982 se detonaron procesos de reforma neoliberal por todo el mundo (Rodrik, 1996). Esta ha sido la causante de la crisis económica del 2008, siendo la más grave desde la Gran Depresión.

La salud mental es descrita por la Organización Mundial de la Salud como «un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad.» En 2017, la OMS anunció que la depresión era la primera causa de incapacidad, y en 2023, la segunda.  

Una vez aclarado lo anterior, podemos indagar en las peculiaridades que ilustran la compleja relación entre salud mental y capitalismo, partiendo de su vínculo con las condiciones de trabajo y la desigualdad económica. 

El trabajo es toda actividad lucrativa que debemos de llevar a cabo para tener la posibilidad de hacernos frente al mundo. Idealmente, el trabajo sería una oportunidad para apoyar a la comunidad y hacer uso de tus habilidades, garantizando un apoyo que resulta suficiente para vivir plenamente; sin embargo, las condiciones precarias de trabajo pueden convertir al trabajador en un esclavo moderno, reduciéndolo a un recurso desechable y transitorio en el que no vale la pena invertir demasiado. 

Las condiciones laborales del capital neoliberal cambian constantemente dependiendo de las necesidades del mercado, forzando a los trabajadores a reinventarse una y otra vez, viviendo con incertidumbre, ansiedad y estrés. En palabras de Añez H. Carmen con respecto al trabajador (2004) «El único derecho que posee es depender de un mercado laboral flexible que se resiste a acuerdos laborales que garanticen las condiciones necesarias para el avance económico y social de la clase trabajadora». 

El aumento de la desigualdad social es una de las muchas consecuencias desfavorables del neoliberalismo, entendida como el aumento de la brecha entre las clases sociales, ricos y pobres, a manos de una injusta distribución de los beneficios nacionales. Como consecuencia, gran parte de la población se ve obligada a pasar la mayor parte de su tiempo en el trabajo a cambio del sueldo mínimo, observando la riqueza de otros e interiorizando la injusticia como un asunto de meritocracia y falla personal, que convierte la aspiración y el autodesprecio de los sujetos en un motor sobrecalentado que tiene que ganarse cada gota de aceite. Tal como la CEPAL afirmó en 2019: «Un gran porcentaje de las utilidades empresariales en México se destina a los inversionistas en vez de a los trabajadores, lo que agudiza la desigualdad económica» y «En México, el 1% de la población más rica se ha beneficiado desproporcionadamente de las políticas económicas implementadas». De igual manera, el New York Times afirma que en México «Las clases medias pagan en promedio el 7.2 por ciento de su ingreso en IVA, mientras que la clase alta sólo el 6.8 por ciento.» Podemos observar esto en mayor escala dentro de EUA, en las palabras de Joseph E. Stiglitz: «Desde que comenzó la llamada recuperación después de la Gran Recesión de 2008-2009 … el 95% de las ganancias en ingresos han ido al 1% más alto. Incluso dentro de ese 1%, existe desigualdad, con los ingresos ultra altos en el 0.1% superior llevándose aproximadamente el 11.3% del ingreso total en 2012, lo cual es tres o cuatro veces más que hace treinta años.»

Diversos estudios demuestran que la probabilidad de desarrollar un trastorno mental aumenta significativamente entre más desigualdad financiera exista dentro de un país industrializado de altos ingresos económicos, como lo son Estados Unidos e Inglaterra (Fernando Pérez del Río, 2013). Este fenómeno puede ser observado en estudios como el de Lorant, Deliege, Eaton, Robert, Philippot, y Ansseau (2003), donde se demuestra que en EUA las personas con menor nivel educativo y bajos ingresos tienen mayor riesgo de padecer depresión; a su vez, Eaton (2001), afirma que, dentro del mismo país, la pobreza aumenta el riesgo de padecer depresión 2.5 veces. Un estudio notable es el de Wilkinson y Pickett (2007), quienes midieron el bienestar social de 23 países tomando como referencia formatos de la UNICEF, concluyendo que «La desigualdad de ingresos es la clave de bóveda, el factor decisivo para determinar la salud mental de una sociedad. » 

Es importante destacar que las políticas de privatización en el sistema de salud en México son motivo de preocupación sobre el acceso equitativo a los servicios psicológicos y psiquiátricos. Aquellos que no cuentan con el dinero suficiente para acudir a los servicios privados acuden a los públicos, sin embargo, estos son más rígidos con los horarios y fechas de disponibilidad, lo que dificulta la atención. Si los profesionales de la salud mental del sector privado no cuentan con una ética adecuada, existe el riesgo de que solo se busque el maximizar ganancias a costa del bienestar del paciente. Las condiciones laborales de los trabajadores de salud forman parte importante en la calidad de la atención que reciben los pacientes, sin embargo, pocos son los datos legítimos y relevantes sobre la condición laboral de los psicólogos en México. De acuerdo a Data México (2025), el ingreso promedio de un psicólogo es de $5.61k MX, con 29.9h de trabajo semanal. En lo que respecta a otros trabajadores de la salud, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de 2005 a 2022 (CENIDSP, 2024) indica que, “entre los médicos, ésta (precariedad laboral) incrementó 29 %, de 58.7 % en 2005 a 75.5 % en 2022. En el caso de las enfermeras, el aumento fue 37 %, de 49.0 % a 67.3 %”

Además del malestar consecuente de la inercia de la sobreexplotación y el estado de inseguridad de no contar con los recursos básicos para tener una vida plena, se sufre al ser encasillado dentro de roles sub-humanos abstractos, como lo son las identidades subalternas. 

Las identidades subalternas (raza, género, clase social y edad) son, hasta cierto punto, mantenidas y creadas como las conocemos por el mismo sistema que las marginaliza. Las personas que son llamadas “de color” (cualquiera que no sea blanca), las mujeres, las identidades LGTBQI+, las personas con condiciones de vivienda e ingresos bajos, los infantes y las personas de la tercera edad constituyen a la población más discriminada, debido a su condición imaginaria de incapacidad impuesta involuntariamente sobre ellos. Las personas con discapacidades (físicas, intelectuales o sociales), trastornos del neurodesarrollo y trastornos del aprendizaje (entre los que se presenta comorbilidad) son también discriminadas dentro del capitalismo, a pesar de no formar parte de las identidades subalternas planteadas dentro de la sociología. La discriminación a este sector de la población tiene por nombre “capacitismo”, el cual parte de ideologías como la eugenesia (la cual se relaciona también con la raza) y el mismo capitalismo. El disgusto a esta población viene de la dificultad para utilizarla como sujetos productores de mercancía y valor, pues sus capacidades no se asocian con los deseos del capital o requieren gastos adicionales para su acomodación y asistencia, de manera que son juzgados como estorbos y marcados como inferiores por sus divergencias funcionales. Al ser identidades subalternas, también corren el riesgo de ser convertidos en la propia mercancía, pues si no se les permite acceso al poder (que no es la meta ideal para romper estas dinámicas) ni es fácil utilizarlos como empleados, se les busca una función alternativa: como producto.

El negocio de la salud mental, despojado de sus elementos humanitarios, se ve beneficiado por el malestar de los sujetos que requieren de asistencia psicológica y psiquiátrica. Con esto no se quiere insinuar que la necesidad o la eficacia de los tratamientos terapéuticos y psicofarmacológicos sea falsa, sino que se busca señalar la cara de la moneda que puede ser incómoda para algunos trabajadores de la salud mental: es un negocio que, desde una perspectiva negativa, podría explotar la victimización y revictimización de las comunidades subalternas, así como patologizar las conductas de todos los sujetos que no encajen en el molde del sujeto ideal super-funcional. 

La charlatanería en la psicología no es novedad, sin embargo, el auge de las redes sociales y la globalización facilitan el aumento de la desinformación. El acceso público a la bibliografía académica, si bien es un regalo a la humanidad, también da paso a que su contenido sea descontextualizado, malentendido o utilizado con otros fines. Por otro lado, el mercado puede rapiñar la vulnerabilidad y comercializar con estos mitos, cimentando la tergiversación de la terminología psicológica e instrumentalizar el lenguaje terapéutico. Ejemplos claros de este fenómeno son la popularización de la teoría de los apegos de Bowlby, la cual se ha convertido en una excusa para desresponsabilizarnos de nuestros actos y culpabilizar en su totalidad a nuestra crianza como factor determinante de nuestra actitud afectiva al vincularnos con los otros; la ligereza con la que se etiqueta como narcisistas (trastorno narcisista de la personalidad) o psicópatas (trastorno antisocial de la personalidad) a sujetos con los que tuvimos experiencias dolorosas, con TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) a personas activas u olvidadizas, con trastorno del espectro autista a personas reservadas, con TLP (trastorno limítrofe de la personalidad) a personas celosas, con TOC (trastorno obsesivo compulsivo) a las personas que disfrutan de la limpieza, y con trastorno bipolar a quienes son expresivos en sus cambios de humor. Otro problema radica en difundir frases o teorías que carecen de evidencia, como “energía femenina y masculina” (propaganda conservadora que refuerza roles estrictos de género).

Se vende con la necesidad de inclusión de las personas, con la preocupación por no encajar y con la romantización de los trastornos psicológicos. El capitalismo toma especial relevancia en relación a los TCA (trastornos de la conducta alimentaria) y el TDC (trastorno dismórfico corporal). Las expectativas sobre nuestra imagen y nuestras conductas autodestructivas son aprendidas y condicionadas por los medios de comunicación, en donde se nos muestra la delgadez como señal de éxito e integridad moral. Terminamos controlando lo que consumimos para que nosotros mismos podamos ser consumidos, gastando nuestro dinero en alimentos “milagrosos” y procedimientos estéticos. Al sistema le beneficia nuestra insatisfacción, ya que de esta manera estaremos ocupados con nuestros propios problemas como para voltear a ver al resto de nuestros compañeros, y gastaremos en todas las “curas” que han manufacturado para “solucionar” problemas que este mismo nos impuso. Actualmente, lo anterior se ha hecho visible con el servicio de inteligencias artificiales que “promueven la salud mental”, siendo que lo que lleva a estos usuarios a recurrir a la IA para hablar de sus emociones es, en muchas ocasiones, un sentimiento de soledad, inseguridad y ansiedad que deriva del aislamiento hacia sus comunidades y la superficialidad de los vínculos humanos como consecuencia de la cultura de la hiper-individualidad, a la falta de tiempo de ocio para fortalecer sus redes de apoyo y a un acceso limitado a servicios psicoterapéuticos. Al igual que los pseudopsicólogos charlatanes, la IA se ha popularizado por contestarle al cliente lo que quiere escuchar, por lo que se refuerza el aprecio de la población por ellas. Otro factor que juega un papel importante en la confianza que las personas depositan en la IA es el mito del progreso, la creencia de que todo lo novedoso equivale a una evolución y a un bien necesario. 

El consumismo, íntimamente relacionado con la búsqueda de la novedad, constituye otro gran obstáculo para la felicidad en la sociedad contemporánea. Gracias a la mercadotecnia digital, ahora se nos ofrece más de lo que realmente necesitamos e incluso desde la comodidad de nuestro hogar somos bombardeados por anuncios. Se vive desde la creencia de que el valor de los productos que obtengamos es extrapolado a nuestro ser, sumándonos valor como persona y convirtiéndonos nosotros mismos en el producto. Al ser mediados por la realidad capitalista, nuestra identidad se forja a su alrededor, lo que nos lleva a significar nuestro valor humano en que tanto nos consuman, es por ello que por medio de redes sociales nos presentamos de la mejor forma para obtener la mayor cantidad de reacciones. 

Una vez que nos damos cuenta de que podemos tener más, lo que ya tenemos parece perder valor. ¿Por qué necesitamos conseguir el nuevo modelo de celular o zapatos, si los nuestros aún son funcionales? El sistema parece aprovecharse de la natural necesidad de aceptación social del ser humano, generando nuevas tendencias a un ritmo acelerado, y si el sujeto no se apura se queda atrás, excluido del presente en el que están los demás. Se nos controla desde nuestros deseos, prometiéndonos alivio y satisfacción si consumimos los nuevos productos. Esto es explicado en el libro «Modernidad líquida (2002)» por Zygmunt Bauman. En lugar de satisfacer nuestro sentido de pertenencia dentro de la cooperación en comunidad, la buscamos en categorías superfluas que se definen por medio del consumismo. 

En torno al consumismo, todos los tipos de adicciones (a la sustancia o la conducta) representan los círculos viciosos del capitalismo, a tal nivel que considero que para cubrir todos sus matices sería necesario dedicarle su propio ensayo.

El mercado de la droga psicoactiva tiene como objetivo la explotación y el control de las comunidades vulnerables, ataca a aquellos en condiciones de desigualdad y se presenta ante los esclavos modernos como una solución temporal a sus dolores. Estimulantes para los que no tienen descanso y buscan empujar los límites de su actividad, depresoras para adormecer y dejar de sentir. La desesperanza que surge de nuestras dificultades crece hasta el punto de hacernos creer que tragar veneno es lo único que se puede hacer, siendo que este se manufactura como la solución a los problemas que el mismo capitalismo creó.

La drogadicción no es un problema meramente individual, sino que se mantiene porque se le ha permitido existir para satisfacer intereses. Es cierto que no todo consumo de droga se da para acabar con el sufrimiento, y que hay muchos defensores del uso recreativo con el propósito de exacerbar la visión creativa y encontrar inspiración (como si no estuviera ya dentro de nosotros esta capacidad), lo que me hace preguntarme si este no es solo un cuento que se nos vende para hacernos creer que también precisamos de las sustancias para poder imaginar y crear, ¿no es esto encadenarnos al realizar lo que debería de ser un acto liberador y hasta rebelde? y es que es fácil sentirse tan rebeldes y antisistema al ir en contra de las leyes que nos prohíben el consumo de psicoactivos, siendo que en realidad la droga resulta la mercancía fetichizada por excelencia y la drogadicción un síntoma del capitalismo, con la misma esencia autodestructiva. 

La rehabilitación, la educación y la psicoterapia no serán suficientes para solucionar esta problemática si las sustancias siguen siendo introducidas a la población o si continúa siendo tan rentable la agricultura de cultivos ilícitos. El cambio también se ve obstaculizado por el uso predominante de un enfoque punitivo ante el consumo, que falla en disolver los factores predisponentes subyacentes y, por lo tanto, ocasiona «reactancia psicológica» en las personas, es decir, la motivación para hacer lo que se nos ha prohibido. Los factores sociales predisponentes al consumo deben resolverse y todo lo que vulnera la calidad de vida tiene que ser arrancado desde su base, pero al capitalismo le gusta mantener la raíz de la mala hierba y cobrar por el corte de hojas que nunca parecen irse. 

Droga, pornografía, juegos; toda adicción nos adormece, nos distrae, nos entorpece y nos domina.

Además de Bauman, otros autores como Byung-Chul Han han analizado los métodos de dominación en la sociedad neoliberal, plasmados en su libro «Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2014) «. Han explica cómo el sujeto ha pasado de ser dominado por una disciplina física y violenta (biopolítica), a ser dominado mediante una manipulación psicológica casi imperceptible pero muy presente (psicopolítica), es decir, se ha cambiado la negatividad del deber por la positividad del poder. La positividad excesiva y las aparentes posibilidades infinitas hacen que los sujetos crean que son capaces de hacerlo todo, y si no llegan al «éxito» es porque no se esforzaron lo suficiente. A primera vista, este pensamiento puede parecer agradable y alentador, pero en una sociedad competitiva se convierte en una creencia que lleva a la sobreexplotación y al juicio negativo de aquellos que no viven buscando la manera de producir constantemente. La realidad es que no podemos ni debemos hacerlo todo. Si seguimos con el pensamiento de que nuestra propia sobre-explotación dará frutos algún día, es fácil caer en la trampa bajo una ilusión de libertad y jamás descansar para disfrutar los frutos que tanto deseamos, mientras que el capital saca provecho de ello. La sobreexplotación es también tema central de otra de sus obras, llamada «La sociedad del cansancio (2010)». En este libro, Han describe al «sujeto de rendimiento», individuos que se encuentran en un constante estado de competitividad consigo mismos y otros para innovar y producir. Tales niveles de autoexigencia se relacionan con la frustración y el miedo al fracaso debido a la internalización de expectativas sociales basadas en estándares poco realistas, culminando en problemas de depresión, ansiedad, estrés o síndrome de burnout: un cansancio constante. También, se aborda la sobreestimulación y la multitarea como una forma de ausencia de descanso, debido al procesamiento constante de la información que recibimos por medio de los dispositivos digitales y la dificultad del filtrado y selección de esta, empobreciendo funciones cognitivas mayores como la atención y la memoria. Esto último ha sido demostrado en estudios como los de los psicólogos Anthony Wagner (2018) y Clifford Nass (2013), este último también dice que, aunque el multitasking es visto como una manera eficiente de hacer tareas, la realidad es que incrementa la duración de estas y disminuye la calidad de los resultados. Han también señala que los estímulos constantes han causado que no toleremos estar aburridos, lo que imposibilita los procesos creativos y reflexivos. A primera vista esto parece contradecir la ideología neoliberal de innovación, sin embargo, esto ocurre porque se busca controlar al sujeto, haciéndolo creer que tiene libertad de elección e independencia, no otorgárselos realmente. A lo largo de la historia, estos momentos de reflexión han impulsado a los individuos a actos revolucionarios, por lo tanto, es conveniente para el sistema que nos mantengamos ocupados y cansados, evitando los momentos de aburrimiento y de descanso. 

La psicología crítica resulta precisa para señalar todas las problemáticas socioculturales y epistemológicas de dicha disciplina, pues se trata de una metaperspectiva de sus métodos y del sustento teórico detrás de estos, del análisis de sus intereses y usos, así como de sus alcances. Definida por Pavón Cuellar, D. (2019) como «una relación crítica de la psicología consigo misma» en su artículo «Psicología crítica y lucha social: pasado, presente, futuro». De la obra de Pavón podemos extraer algunos puntos esenciales, como lo es la influencia del contexto histórico que se atraviesa en el desarrollo de determinadas teorías y la necesidad de que estas mismas y sus aplicaciones prácticas partan de la consideración de una cultura determinada, en contraste con la búsqueda de identificación y explicación de patrones conductuales universalmente presentes, que si bien puede resultar útil, puede culminar en la elaboración de teorías que fuercen una generalización y, además, cargar con un enfoque dirigido a los países angloparlantes, particularmente Estados Unidos de América y países europeos, incompatibles con otras culturas. Otro punto a considerar es la necesidad de evitar la despolitización de la práctica psicológica para prevenir caer en discursos meritocráticos y de positivismo tóxico que podrían enaltecer a la psicología como instrumento ideológico para el capital, pues si bien es importante que los consultantes de psicoterapia obtengan herramientas de autorregulación, adaptación a su entorno y un estado de funcionalidad que les sirva para su auto preservación, es necesario validar y estudiar también el papel de las injusticias en el entorno (no solo inmediato) del sujeto y, por congruencia ética, personalmente ser partidario de la crítica social y el progreso hacia un mundo con estructuras beneficiosas para la integridad humana, así como cuestionar nuestra formación previa como profesionistas. Es importante que la psicología sea una herramienta de liberación y no de sometimiento o alienación. 

Como se ha mencionado anteriormente, una de las mayores críticas a la psicología recae en la sobre patologización, la cual muchas veces va de la mano a la crítica de la sobre-medicación psiquiátrica y los intereses económicos de la industria farmacéutica. Si bien algunos psicólogos críticos mantienen una posición anti farmacéutica, lamentablemente este tratamiento puede ser esencial para la reinserción de algunos individuos a su comunidad y mejorar su calidad de vida, por lo que deberá de ser administrado en compañía del tratamiento psicoterapéutico y ajustes razonables en los diversos ámbitos de su vida (siempre que sea posible) para evitar el desarrollo de dependencia al medicamento y maximizar la rehabilitación. La problemática recae en la prescripción apresurada y forzada de los psicofármacos en situaciones que no lo ameritan, en desconsiderar los factores únicos y personales del paciente al momento de medicar (necesarios para la modificación de la dosis o la elección de un psicofármaco específico dentro de su categoría funcional), a la falta de apoyo multidisciplinario, a la carencia de regulación del mercado farmacéutico y la priorización de las ganancias de la industria sobre la ayuda humanitaria.

La Quinta versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales ha recibido críticas debido a una posible sobre patologización en favor de la industria farmacéutica. Como consecuencia a los cambios implementados en el DSM-V, el psiquiatra Frances A. (2012, como se citó en Wakefield, 2015), «Millones de personas con duelo normal, glotonería, distracción, preocupaciones, reacciones al estrés, rabietas infantiles, olvidos propios de la vejez y adicciones conductuales pronto serán diagnosticadas erróneamente como enfermas psiquiátricas». Considero que las adicciones conductuales si son clínicamente significativas (esto podría deberse a mi educación), sin embargo, es necesario un estudio minucioso de estos comportamientos para evitar su confusión con otros trastornos y la creación de subcategorías innecesarias. 

Esta rigurosidad propuesta supone otro problema del DSM-V y su equipo de trabajo, pues Wakefield (2015) hace conocer que «las deliberaciones del Comité de Revisión Científica del DSM-5, formado en respuesta a las controversias en torno al DSM-5 para evaluar la solidez de la evidencia científica de cada cambio propuesto y formular recomendaciones a los grupos de trabajo, se mantienen en estricto secreto», lo cual deja a la imaginación si los cambios presentados carecen de razonamiento o si la posibilidad de falsos positivos en el diagnóstico ha sido premeditada para apelar a los intereses económicos de la industria. Afortunadamente, la Asociación de Psiquiatría Americana – APA (2026) ha anunciado esbozos de la próxima edición de este manual, los cuales parecen apuntar a una perspectiva más amplia de la salud mental, mediante «factores contextuales, como medidas de determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales de la salud, el funcionamiento, la calidad de vida y los factores de desarrollo y de la duración de la vida; biomarcadores y factores biológicos; diagnósticos que permiten diferentes niveles de especificidad y gravedad; y características transdiagnósticas que incluyen síntomas que se presentan en muchas afecciones».

El panorama de la psicología también se ve favorecido por las terapias contextuales de tercera generación: Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), Terapia Dialéctico Conductual (DBT), Psicoterapia Analítico Funcional (FAP) y Activación Conductual (AC). Estas terapias restan protagonismo al enfoque médico para adoptar especial atención al análisis de los factores contextuales del sujeto en relación con sus conductas, pensamientos y emociones. Esta relación puede conceptualizarse mediante un análisis funcional de la conducta y un diagnóstico funcional cuando no se vea apropiado o beneficioso el aportar un diagnóstico clínico. La aceptación presente en la ACT y la DBT siempre debe de ser entendida como aceptación del paciente hacia sus propios sentimientos y pensamientos en relación al contexto, para así reducir la lucha consigo mismo y poder redirigir la atención hacia las acciones que pueden tomarse dentro de este. La aceptación no debe de ser utilizada en ningún caso como una resignación pasiva ante el ambiente, sino como un acto de amor propio en un mundo que nos enseña a despreciarnos, para así poder levantarnos ante él. 

Conclusión

Aun si no logramos comprender en su totalidad los mecanismos de nuestro panorama actual, e incluso si aún no contamos con un plan de acción riguroso para la mejora de nuestra sociedad y mucho menos con una fórmula para el bienestar, cuestionar y criticar siempre será un atisbo de cambio y esperanza.

La desigualdad financiera, las condiciones laborales precarias, la privatización de servicios de salud, la cultura de la competitividad, el aislamiento, la discriminación y el consumismo desmedido son resultados del capitalismo neoliberal que tienen un efecto directo en la salud mental de quienes viven bajo esta estructura. El neoliberalismo y otras presentaciones del capitalismo no pueden generar mercancía ilimitada con recursos naturales limitados, recordemos que los seres humanos también pertenecemos a la naturaleza y, por lo tanto, nuestra fuerza de trabajo no puede seguir enriqueciendo infinitamente al capital con su plusvalía. De esta manera, el capitalismo sigue destruyéndose a sí mismo, empezando por el bienestar de los trabajadores. Los problemas de salud mental y la cosificación de las relaciones humanas prevalecerán si no se modifican las estructuras sociales que vulneran al humano, el primer paso es identificarlas. 

«La pandemia de angustia mental que aflige nuestros tiempos no puede ser correctamente entendida, o curada, si es vista como un problema personal padecido por individuos dañados.» Mark Fisher, «Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? (2009) «.

Referencias:

Comunistas contra la expropiación petrolera – Alejandro Camacho

La lucha del Grupo de Trabajadores Marxistas en el cardenismo

Alejandro Camacho

18 de marzo de nuevo en el calendario y el país se dedica al festejo y a la memoria de aquel acto de carácter mitológico: aquel momento en el que la nación se posicionó en contra de los intereses extranjeros y se unió bajo la sombra del General, del Tata Cárdenas, para nacionalizar la industria petrolera, y desde entonces, PEMEX representa la más pura demostración de soberanía frente al neoliberalismo y el imperialismo. ¡El petróleo es nuestro! Gritan los nacionalistas.

Y para reforzar más dicho mito, la mayoría de las izquierdas han formado parte del coro nostálgico por el cardenismo: desde los estalinistas entristas en el Frente Popular lombardista a los miles de hijos del trotskismo heredero de los textos de un bolchevique condicionado por su exilio. Y claro, sin mencionar a los reformistas romanticos del ayer y hoy: El hijo del General Cuauhtémoc Cárdenas -el mito encarnado- y el Napoleón de Macuspana: López Obrador. ¡El petróleo es nuestro! Gritan los izquierdistas también.

Pero entre el proletariado mexicano en proceso de domesticación en los turbulentos años treinta, nos encontramos con una tendencia que se caracteriza por su oposición al mito cardenista en frente de las movilizaciones masivas en defensa de la soberanía -del estado y la burguesía nacional. Hijos de la trágica revolución alemana, inspirados por el comunismo belga, reconocidos como iguales por la izquierda comunista italiana, faro de la clase obrera mexicana que busca abolirse a sí misma: el Grupo de Trabajadores Marxistas.

El comunismo en el Estado Mexicano

Los hilos que el comunismo mexicano tejió fueron diversos y minoritarios debido a las condiciones específicas de acumulación en el país. Como la hacienda fue el epicentro de la modernización capitalista en el país durante el porfiriato, la mayor reivindicación existente por la salvaje fuerza laboral mexicana fue la extinción del latifundio –la bandera del campesinado en la Revolución Mexicana-[1] Aun de la escasez del proletariado urbano, pudo nacer el anarquismo de los Flores Magón proveniente de la radicalización del liberalismo mexicano. A pesar de su oposición feroz al Porfiriato y al gobierno de la burguesía rebelde, sus intentos por engendrar la revolución proletaria en América del Norte no pudieron superar el fracaso de la invasión bajacaliforniana. Finalmente, el anarquismo mexicano sería herido de muerte con el fallecimiento de Ricardo Flores Magón, el desmantelamiento del Partido Liberal Mexicano, la absorción de la Confederación General de Trabajadores (CGT) y la cooptación ideológica del anarquismo como “precursor” de los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana.[2]

De la estela emanada del ascenso revolucionario del bolchevismo y sus esfuerzos internacionales para coordinar la solidaridad con la patria de los obreros, surgiría el Partido Comunista Mexicano. La compleja historia del PCM primitivo es una muestra de cómo los PC’s fueron llevados de un lado a otro por la III Internacional en virajes violentos. Como muestra y para conectar con nuestra historia, el PCM fue crítico del cardenismo en sus primeros años, denunciándolo hasta que Moscú llamara a formar Frente Populares en el VII Congreso de la III Internacional en 1935.[3] Es entonces que el PCM se conformaría como aliado del cardenismo y su programa político.

Como ala izquierda del Partido de la Revolución Mexicana, el PCM terminaría subordinando sus posiciones a lo dictado por el general Cárdenas y el gobierno. El apoyo a la expropiación petrolera, a la repartición agraria y al sindicalismo oficial, serviría como puente del campesinado a formar parte de la Confederación Nacional Campesina y el proletariado a la Confederación de Trabajadores de México. La labor del comunismo oficial mexicano había sido la de ingresar a los sectores más radicalizados a las corporaciones del Estado.[4]

Por otro lado, también el escenario comunista local resentiría el conflicto interno de la III Internacional entre el socialismo en un solo país de Stalin contra la oposición de izquierda de Trotsky. Las ideas de la Revolución Permanente llegarían a influenciar a cierto sector del movimiento, primero en la Oposición Comunista de Izquierda de 1930 y en 1933 la Liga Comunista Internacionalista. Con el arribo del mismo Trotsky tras su exilio de la URSS, los trotskistas empezarían a teorizar sobre el significado del cardenismo en dicho momento del capitalismo.[5]

En su ensayo México y el Imperialismo británico de 1938, Trotsky expondría su visión de la expropiación petrolera. Presenta a México como un país semicolonial, y al gobierno de Cárdenas, como una fuerza progresista que luchaba por la independencia nacional y la democracia. Concluye que, así como Marx alabó a Abraham Lincoln aunque este no fuese comunista, los obreros más avanzados debían de apoyar a la rebelión del petróleo mexicano en contra del imperialismo de Chamberlain y del fascismo de Saturnino Cedillo.[6]

A pesar de la violencia entre el estalinismo y el trotskismo –la que se cobraría la vida del mismo Trotsky en 1940- ambos lados del bolchevismo de México coincidirían en apoyar la nacionalización del petróleo. Y con el anarquismo aniquilado, la estatalización de los recursos del subsuelo y del proletariado petrolero por medio del sindicato sucedió con la mayoría del respaldo del movimiento comunista.

Sin embargo, no eran los únicos movimientos del comunismo vivos en ese momento. Y a diferencia de los movimientos antes dichos, tuvieron una visión distinta de lo que significaba la expropiación petrolera en dicha coyuntura.

El Grupo de Trabajadores Mexicanos

Paul Kirchhoff (1900-1972) es hijo de la Revolución Alemana. Cercano a Karl Liebknecht, a la Unión General de Trabajadores de Alemania (AAUD por sus siglas en alemán) y al Partido de los Trabajadores Comunistas de Alemania (KAPD por sus siglas en alemán). En los años treinta, militó en el ala izquierda del Partido Comunista de Alemania (KPD por sus siglas en alemán) que se conformaría en los Comunistas Internacionales de Alemania (IKD por sus siglas en alemán), miembros de la oposición de izquierda, pero, crítico también del “giro francés” que propuso Trotsky para infiltrarse en los Frentes Populares para sumar militantes a sus filas.

Con su crítica particular a la colaboración del trotskismo con las fuerzas socialdemócratas, se uniría a la Revolutionary Workers League de Hugo Oehler en su estadía norteamericana. Pero al exiliarse en México, se distanciaría políticamente debido a sus diferencias respecto a la Guerra Civil Española, defendiendo el derrotismo obrero frente a la pugna entre la República y la reacción franquista.

En sus palabras:

“La guerra en España comenzó como una guerra civil, pero rápidamente se transformó en una guerra imperialista. Toda la estrategia de la burguesía mundial y española consistió en lograr esta transformación sin cambiar las apariencias y haciendo creer a los trabajadores que luchaban por sus intereses de clase. Nuestra organización mantuvo esta ilusión y apoyó a la burguesía española y mundial diciendo: «La clase obrera española debe marchar con el Frente Popular contra Franco, pero debe estar preparada para volver sus armas contra Caballero mañana» (La Internacional, n.º 33, 18 de diciembre de 1937, «La LRW y sus posiciones políticas»).”

Dichas críticas lo llevarían a ser acusado junto a sus compañeros de ser “agentes de la Gestapo” de manera consiente u inconsciente. Con tales descripciones se sella la amplia brecha existente entre las posiciones de la izquierda comunista y las organizaciones legadas de la putrefacción del bolchevismo.

En México, se dedicaría a la fundación de una nueva liga política que se posicionara a favor de dichas posiciones.  Se fundaría en 1937 el Grupo de Trabajadores Marxistas.[7]

Comunismo: órgano de prensa de los trabajadores marxistas

El GTM, compuesto por Paul Kirchoff (apodado Eiffel), la etnóloga Johanna Faulhaber, y cuatro compañeros mas provenientes de la Liga Comunista Internacionalista[8], decidieron escribir un panfleto a razón de la masacre de Barcelona, donde las instituciones republicanas atentaron contra el control obrero anarquista y el derrotismo revolucionario del POUM dejando un saldo de 500 muertos y el doble de heridos. El manifiesto titulado: “La Masacre de Barcelona ¡Una lección para los trabajadores de México! ¡En México no debe repetirse el descalabro sufrido por los trabajadores de España!” resume la travesía del proletariado bajo el gobierno antifascista español. Con la idea de liderar un golpe común al fascismo, se permitió que las líderes del Frente Popular disolvieran los comités de base obreras, arrematar el mando de las milicias proletarias e impidieran las huelgas. Con la dirección burguesa, el poder obrero se caía a pedazos a la par que el fascismo seguía avanzando. La guerra clasista se había vuelto guerra capitalista, señalaba el panfleto. Continúan afirmando que el hilo que une al gobierno de Cárdenas con el de Azaña es el obrerismo, el antifascismo como forma de utilizar a los trabajadores contra sus propios intereses de clases y denuncia que el envío de armas de Cárdenas resultó en la matanza de obreros del 4 de mayo de 1938. Alienta a los trabajadores de Barcelona a romper filas con las organizaciones burguesas, sean anarquistas o franquistas, formar un auténtico partido clasista para romper con el imperialismo y el capital. En el caso mexicano, advierte sobre naturaleza burguesa del gobierno cardenista, sobre la división provocada por el Estado entre campesinos y proletarios industriales con el reparto agrario de La Laguna. El manifiesto finaliza llamando a unificar la lucha por el comunismo a manera internacional.

En septiembre de 1938, año de la mítica expropiación, decidirían publicar su propio periódico titulado “Comunismo”. Dicha publicación contaría con 3 números, y su último ejemplar será la de mayo-junio de 1940. Posterior a esas fechas, Paul Kirchhoff se alejaría de la discusión política y se centraría en la investigación arqueológica.[9] Debido al carácter grupuscular y efímero del GTM, solo se conservan algunos de los escritos contenidos en los tres números, difundidos por la Corriente Comunista Internacional. En ellos, se discute en torno a la verdadera esencia de las nacionalizaciones realizadas por el Partido de la Revolución Mexicana, la cuestión nacional para el caso español, mexicano y chino, el exilio de Trotsky en el país y la necesidad de luchar por la construcción de un verdadero Partido Comunista.

En el Comunismo Nº 1 de agosto-septiembre de 1938, se publicó “El carácter reaccionario de las nacionalizaciones en la fase imperialista del capitalismo”. Apertura con una cita de Engels del Anti-Duhring:

          “El Estado moderno, cualquiera que su forma sea, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma como de su propiedad, más se convertirá en capitalismo colectivo real, mayor será el número de súbditos suyos quienes explote. Los obreros siguen siendo lo que son: obreros asalariados, proletarios. Las relaciones capitalistas, lejos de abolirse con esas medidas, se profundizan y exaltan. (Anti-Duhring, Fundación Federico Engels, p. 374)”

La idea del Estado como un capitalista colectivo ideal que se fortalece con las nacionalizaciones es enfrentada con la reciente expropiación mexicana del petróleo. Este combate los posiciona en contra de las autoproclamadas “fuerzas progresistas” que defienden la medida del general Cárdenas. El análisis continuó definiendo al Estado emergido de la Revolución Mexicana como un Estado capitalista “obrerista”, un gobierno que defiende al modelo de acumulación capitalista de la semilla obrera que pueda germinar en una Revolución Clasista dentro de los nuevos sectores del proletariado. Profundiza dicho argumento, explicando que, aunque en la etapa de acumulación temprana del capital las expropiaciones estatistas jugaban un rol progresista, en la era imperialista de descomposición del capital dicha expropiación encarnaba la reacción contra la división internacional del trabajo y contra la producción global de bienes de consumo. Significan la restricción del crecimiento -salvo en la industria de guerra- el encadenamiento de las fuerzas productivas a los límites de las fronteras nacionales. Y el proletariado tiene metas de clases muy distintas a las ya mencionadas.

Ante el carácter <<progresista>> que se colocaba sobre el acto expropiador, los trabajadores marxistas nos regresan al Anti-Duhring de Engels en su texto sobre las nacionalizaciones de Bismarck:

“…cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ‘ganado electoral’ sumiso al gobierno, y sobre todo para procurar una nueva fuente de ingresos sustraída a los acuerdos del parlamento, no se dirá que estas medidas tuviesen nada de socialista, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente (Anti-Duhring, Fundación Federico Engels, p. 373 en la nota a pie de página) ”

Con dicha comparación, describen a la acción de Cárdenas como una acción que no nació del desbordamiento de las compañías petroleras ni un paso a un progreso económico mayor al que los grandes propietarios del petróleo pudieron haber generado. Con ello, resume el rol regresivo de la nacionalización como una maniobra del Estado para ganar una mayor fuente de ingresos y un sector de proletariado disponible a sus deseos electorales. Con tal afirmación, anticiparían la transformación de la economía nacional en un modelo rentista dependiente de PEMEX y el valor internacional del crudo, y al Partido de la Revolución Mexicana (posteriormente el Partido de la Revolución Institucional), como una maquinaria política diseñada para unificar a las masas trabajadoras bajo el voto al manto tricolor.

Pero lo dicho anteriormente sobre el rol regresista de las nacionalizaciones en abstracto, es especificado por los trabajadores marxistas debido al carácter semicolonial de México y el tamaño menor de su Estado burgués. Mientras el bolchevismo mexicano aplaudía una apropiación nacional de las fuerzas de producción foráneas, Kirchhoff y compañía señalaban como los estados nacionales sometidos a fuertes presiones imperialistas no pueden llevar a cabo “expropiaciones redentoras” sin que oculten un nuevo sometimiento a un polo injerencista de acumulación de capital. En el caso de 18 de marzo, el GTM denuncia que la nacionalización cerró la disputa entre las norteamericanos y las compañías inglesas por el petróleo mexicano, apoyándose de las declaraciones del Boletín del servicio de archivos de Ginebra, Suiza según Últimas Noticias del 7 de junio, en el que se afirma que se destruyó el último bastión británica en las Américas para beneficio de los Estados Unidos, y la misma publicación de El Nacional, órgano del oficialismo, en el que se señala en los mismos titulares la ruptura con Inglaterra y se celebra el acercamiento con los Estados Unidos. Los trabajadores marxistas señalan, además, la posición colaboracionista de Trotsky que denuncia abiertamente al imperialismo británico mientras se queda callado con el imperialismo yanki. Para la GTM, la expropiación petrolera es la victoria imperialista del “buen vecino” estadounidense y la supervivencia del capitalismo en el estado mexicano.

Al profundizar en el régimen obrerista de Cárdenas, se denuncia como la búsqueda de poner al frente de la defensa de la soberanía y de la democracia a los trabajadores, se evita un golpe mortal al capitalismo. Con el Frente Único entre explotadores y explotados, con la entrega ficticia a los trabajadores de industrias como la ferrocarrilera, y con un relato nacionalista que justifique el adeudo de 190 millones de pesos en reparaciones a las compañías británicas en vez de recibir los 26 millones en aumentos salariales, los intereses norteamericanos y la patria mexicana se redime a costa de los trabajadores.

Los trabajadores marxistas concluyen denunciando a los “falsos marxistas”, como califican a la totalidad del tercerinternacionalismo integrado por la línea oficial de la URSS y la oposición de Izquierda trotskista que engendró a la IV Internacional en su defensa de la expropiación petrolera. Ante la ausencia de una autentica dirección clasista, el GTM culmina defendiendo la conquista total del poder estatal por el proletariado y la destrucción de la burguesía. ¡Esta es la única lección que debemos sacar de las recientes nacionalizaciones! Sella el análisis de los trabajadores marxistas.[10]

Añadido al escrito, la fracción interna de la Corriente Comunista Internacional escribieron un prólogo en la que describen el derrotero de las industrias nacionalizadas para complementar los análisis de los trabajadores marxistas. En el caso de los ferrocarriles expropiados, estos permanecieron estancados sin aumentos en vías férreas ni renovaciones tecnológicas mayores, pero, principalmente y su sumado al pago de las indemnizaciones a las compañías inglesas, es que el gobierno llevó a cabo una importante reorganización de la industria petrolera nacionalizada con el fin de asentar a la compañía estatal ¿Qué significó esto para los obreros del petróleo de todos los mexicanos? El despido de obreros, reducción de salarios, prohibición del derecho a huelga y la absorción total del sindicato por parte del Estado terminando con la independencia de clase de cierto sector del proletariado. Con el establecimiento formal de PEMEX, su rol en la economía nacional se consolidaría hasta el punto de dependencia estatal de la renta petrolera, lo que llevaría a la mayor crisis económica del país sufrida en 1982, en donde el estado volvería a nacionalizar un sector de la economía -la banca- a cambio de que los trabajadores mexicanos pagaran las indemnizaciones de 1400 millones de dólares. El ciclo de saneamiento de la banca presente en el país se cerraría con la vuelta a los capitales privados durante el periodo salinista, proceso efectuado durante la crisis económica de 1994 que llevaría a que el estado rescatara a los inversionistas privados con el FOBRAPROA, una deuda de 4000 millones de dólares. Tanto los mitos como las crisis de la economía nacional se traducen en golpes directos a la clase trabajadora del país. Desde su momento histórico, el GTM supieron dilucidar dicha tendencia del capital. [11]

Balance a los trabajadores marxistas.

Respecto del análisis de los trabajadores marxistas, se puede y se debe de abrir importantes debates sobre el entendimiento de Kirchhoff y compañía sobre conceptos como el de imperialismo,[12]  sus críticas al estalinismo y al trotskismo, las acusaciones que estos dos vertieron sobre ellos de componer una <<quinta columna fascista>> y de serles útiles a ellos, sobre sus nociones respecto a la toma del poder estatal por el proletariado, sus análisis geopolíticos, sus predicciones respecto el rol del partido oficial y la industria petrolera en el futuro del capitalismo mexicano, etc. Indistintamente de lo que se pueda concluir de lo dicho por el GTM y su praxis, su legado conforma un hito en la historia de la clase obrera mexicana por sus posiciones únicas que integraron su férrea posición anti-nacionalizadora, por ser una de las primeras voces críticas al cardenismo y su programa, así como ser un eslabón perdido de la izquierda comunista existente dentro de la historia de nuestro decapitado proletariado nacional. Justamente en el balance histórico del GTM, en ellos reside su valor, para barrer con los ídolos de barro que la izquierda (comunista y del capital) ha construido y poner el dedo sobre la herida: la derrota internacional del proletariado.

Nuestra tarea queda inconclusa, y desde nuestra trinchera entendemos que nos queda una larga marcha por recorrer desde los hombros de quienes lucharon por el comunismo y la libertad de la entera humanidad.


[1] Plan de Ayala del 28 de noviembre de 1911, por la Junta Revolucionaria del Pueblo de Morelos. Puntos del 6 al 9.

[2] Historia y Cooptación del anarquismo en México

(1861-1922) de Arnoldo Díaz Tamez, del 25 de noviembre de 2025 en https://arnoldodiaz.substack.com/p/historia-y-cooptacion-del-anarquismo

[3] EL PARTIDO COMUNISTA MEXICANO (en el periodo de la Internacional Comunista: 1919-1943) de Manuel Márquez Fuentes y Octavio Rodríguez Araujo, 1973, pp 192, 193

[4] La izquierda mexicana en el Siglo XX, de Barry Carr. Capítulo I y II.

[5] Los avatares del trotskismo mexicano, de Josué Bustamante González del 7 de noviembre del 2021 en  https://jacobinlat.com/2021/11/los-avatares-del-trotskismo-mexicano/

[6] México y el Imperialismo británico, de Trotsky del 5 de junio de 1938

[7] Un Siècle Degauche Communiste «Italienne» (1915-2015) (Suivi D’Un) Dictionnaire Biographiqued’Un Courant internationaliste de Philippe Bourrinet, de 2017. Paris: Éditions Moto proprio. pp. 327–330.

[8] Cierta fracción de la LCI sería calificada de “ultraizquierdista” por Trotsky, donde figuraban personas Luciano Galicia, líder del “Grupo Galicia” o también conocido como “Los amigos de la IV Internacional”. Dicha tendencia iniciaría una fuerte polémica al interior de la LCI debido a la incitación a la “acción directa” contra la carestía del régimen cardenista y por posicionarse en contra de la expropiación petrolera. El conflicto entre esta fracción de siete u ocho individuos con Trotsky revela el germen invariante dentro del trotskismo, pero que se quedó relegado por las acciones del mismo bolchevique y el aparato construido sobre la IV Internacional. Aunque forman parte obvia de las figuras revolucionarias crítica de la economía política cardenista, se decidió describir su rol en esta historia como nota a pie de página debido a la falta de material teórico para analizar y la forma polémica-personal en la que se convirtió el asunto. Trotsky En México de Olivia Gall, 2012, pp.203-218

[9] La labor de Kirchhoff y de Johana Faulhaber dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es ampliamente reconocida. Kirchhoff es reconocido principalmente por su ensayo “Mesoamérica, sus límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales”, donde elaboraría su concepto de Mesoamérica. Faulhaber es reconocida por sus pioneras investigaciones en osteología y en antropología física aplicada.  «Johanna Faulhaber Una vida ejemplar en la ciencia» de Carlos Serrano Sánchez. Instituto de Investigaciones Antropológicas.

[10] EL PROLETARIADO ANTE LAS NACIONALIZACIONES ¿Patrioterismo o lucha de clase? Textos del GRUPO DE TRABAJADORES MARXISTAS (Izquierda comunista mexicana – 1938) Boletín Comunista Fracción Interna de la Corriente Comunista Internacional enero de 2008 pp. 7- 13

[11] EL PROLETARIADO ANTE LAS NACIONALIZACIONES ¿Patrioterismo o lucha de clase? Textos del GRUPO DE TRABAJADORES MARXISTAS (Izquierda comunista mexicana – 1938) Boletín Comunista Fracción Interna de la Corriente Comunista Internacional enero de 2008 pp. 2- 7

[12] Que a juicio de quien escribe estas letras, el GTM continua con las tesis de Lenin redactadas en su obra “El imperialismo: fase superior del capitalismo”.

Bibliografía

Invitamos a leer completo la compilación de textos del Grupo de Trabajadores Marxistas

  • Anti-Duhring, Fundación Federico Engels.
  • EL PARTIDO COMUNISTA MEXICANO (en el periodo de la Internacional Comunista: 1919-1943) de Manuel Márquez Fuentes y Octavio Rodríguez Araujo, 1973, pp 192, 193
  • EL PROLETARIADO ANTE LAS NACIONALIZACIONES ¿Patrioterismo o lucha de clase? Textos del GRUPO DE TRABAJADORES MARXISTAS (Izquierda comunista mexicana – 1938) Boletín Comunista Fracción Interna de la Corriente Comunista Internacional enero de 2008 pp. 7- 13 
  • Historia y Cooptación del anarquismo en México (1861-1922) de Arnoldo Díaz Tamez, del 25 de noviembre de 2025 en https://arnoldodiaz.substack.com/p/historia-y-cooptacion-del-anarquismo
  • La Internacional, n.º 33, 18 de diciembre de 1937, «La LRW y sus posiciones políticas
  • La izquierda mexicana en el Siglo XX, de Barry Carr. Capítulo I y II
  • Los avatares del trotskismo mexicano, de Josué Bustamante González del 7 de noviembre del 2021 en  https://jacobinlat.com/2021/11/los-avatares-del-trotskismo-mexicano/
  • «Johanna Faulhaber Una vida ejemplar en la ciencia» de Carlos Serrano Sánchez. Instituto de Investigaciones Antropológicas.  
  • México y el Imperialismo británico, de Trotsky del 5 de junio 1938 en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1930s/latin2.htm
  • Plan de Ayala del 28 de noviembre de 1911, por la Junta Revolucionaria del Pueblo de Morelos. Puntos del 6 al 9.
  • Trotsky En México de Olivia Gall, 2012, pp.203-218
  • Un Siècle Degauche Communiste «Italienne» (1915-2015) (Suivi D’Un) Dictionnaire Biographiqued’Un Courant internationaliste de Philippe Bourrinet, de 2017. Paris: Éditions Moto proprio. pp. 327–330.

Matar al amo: sobre la dramaturgia de Xavier Araiza – Arnoldo Diaz

Arnoldo Diaz-Grupo Antihistoria

Presentar la obra de Xavier es para mí no solo un gran honor, es también una invitación a la resistencia artística y la crítica intelectual. En otro momento de mi vida me dediqué a estudiar al teatro de las empresas regiomontanas —tomando los análisis de Abraham Nuncio sobre las mismas— y pronto me di cuenta de cómo el teatro —y el arte en general— puede ser usado como herramienta de dominación, no sólo por los temas que maneja sino por su función de administrador del ocio.

Pero así como el teatro puede usarse para controlar las pasiones, también puede usarse para incendiarlas. Ahí tenemos el caso del «concurso de Gante» en 1539 donde al final de las obras los teatros holandeses se convertían en asambleas y los espectadores en rebeldes amotinados contra la corona española. No nos vayamos tan lejos, el teatro fue crucial para la Revolución Mexicana; tenemos el claro ejemplo de Ricardo Flores Magón que encontró en el teatro —como muchos otros anarquistas de su época— un aliado para la radicalización del pueblo mexicano; incluso en nuestra ciudad -Monterrey- hay registros de puestas en escena de Tierra y Libertad al calor del enfrentamiento armado.

Para mí, el trabajo de Araiza se inscribe en esta tradición, y que esta antología se inaugure en 1973 me parece más allá de la coincidencia y la circunstancia; el 73 fue un año de explosión social en Monterrey: la consolidación de las colonias autónomas en las faldas del Topo Chico y la irrupción de la guerrilla en la vida nacional que se materializa con la muerte de Eugenio Garza Sada, y todo esto y mucho más enmarca la obra de Xavier.

Para ilustrar esta idea me gustaría hablar de algunas de las obras que se encuentran en esta antología. En el primer tomo encontramos La peligrosa aventura de Rectorrr y sus amigos, una farsa política que sintetiza el trágico desenlace del movimiento estudiantil en Monterrey, y principalmente las dinámicas represivas del grupo de las «batas blancas», un episodio oscuro en la historia de la universidad donde la «paz y el orden» se imponen con porros, despidos, expulsiones y colaboración con la campaña represiva del Estado Mexicano que hoy llamamos «Guerra Sucia».

Sin embargo, la obra de Araiza supera los límites del tiempo y el espacio para entregarnos eruditas reflexiones en las que las ideas de los grandes rebeldes. Tal es el caso de Marx y Bakunin, obra de la que tuve el placer de prologar y publicar por primera vez con el grupo Antihistoria. En ella, los titanes de bronce se convierten en hombres de carne y hueso, cuyas ideas alcanzan una nueva dimensión que, de haberse previsto en aquel momento quizá, otro camino hubiera tomado el movimiento revolucionario.

Se incluye en este tomo también La fiesta de los filósofos en el que los pilares del pensamiento crítico —Marx, Nietzsche, Freud, Sartre y Simone de Beauvoir- se encuentran para destrozar con su sagaz crítica al capitalismo global. Aquí la escena se convierte en un espacio de combate dialéctico que se vuelve pedagógico e invita al lector a cuestionarse sus propias ideas haya leído a estas personas con previo aviso o no.

En el tomo 2 nos acercamos al pasado presente, en el que vemos a Xavier como lo que es, un maestro de la farsa política más contundente. En Las nuevas preciosas ridículas se desnuda el marketing publicitario y la hipocresía política en México, un país que buscaba desesperadamente limpiar su imagen con un rostro femenino pero que dejaba intacto el rostro del poder. Argumento que se reafirma con El diktat político de los patriarcas, donde el estas mismas estructura buscan desesperadamente mantener funcionando la lógica de Lampedusa: «que todo cambie para que no cambie nada».

Finalizando el tomo 2, tenemos una de las piezas de Xavier que no conocía y que considero recoge todos estos años de insubordinación creativa pero que irónicmente fue la primera que escribió. ¿Quién mató al Señor X?, con su ambiente onírico, plantea un conflicto crucial para la humanidad: ¿Qué es la servidumbre?, ¿por qué la aceptamos y cuándo es que esta servidumbre puede terminar? ¿Quién mató al amo y cómo podemos replicarlo?

Araiza responde de la misma forma que Christopher Lasch, Anselm Jappe y ahora yo después de haber leído a los 3: Es el juego en libertad y en el arte, en la creatividad humana, donde se pueden encontrar las posibilidades para poder matar al amo, aquel que está tanto dentro como fuera; la construcción de estos momentos de liberada consciencia son sin duda la más importante herencia de la pluma de Xavier.

Anexo

Prólogo a Marx y Bakunin de Xavier Araiza (2020)

Xavier Araiza y su compañera, María Belmonte, son dos pilares de la contracultura en la ciudad que llamamos Monterrey al noreste de México. Sus escritos, su labor editorial y su incansable trabajo en la difusión del arte,  literatura y el pensamiento crítico. Al lograr esto dentro y fuera de las instituciones oficiales se posicionan como dos importantes representantes del compromiso artístico en esta ciudad.

Hoy nos llena de emoción el poner frente a los ojos de quien nos lee un trabajo original de Xavier Araiza. Dramaturgo y otras cosas, en los últimos años ha realizado dos obras que creemos fundamentales para la formación política de una nueva generación de socialistas libertarios. Hablamos de Marx en el Soho escrita por el historiador norteamericano Howard Zinn, conocido por su compromiso con la historia de quienes no caben en las versiones oficiales y por sus posturas libertarias contra el autoritarismo del marxismo de la Guerra Fría.

La segunda obra fue Marx & Bakunin, un texto original de Araiza. Nuestro dramaturgo imagina una conversación entre los dos enemigos ideológicos más conocidos en el mundo revolucionario. Desdibujando la barrera que divide actores y personajes, el encuentro en el bar de Dostoyevski revisa los desacuerdos filosóficos y llegan a acuerdos prácticos.

A manera de disculpa, pero también de confrontación Marx y Bakunin pretende reforzar la aceptación de las tesis económicas de Karl, mientras que se condena el autoritarismo del “socialismo real” para reafirmar las ideas de Mijaíl. En el grupo Antihistoria hemos debatido ampliamente sobre este desencuentro ideológico y vemos la necesidad de superarlo, esta obra creemos es un excelente primer paso. Sin embargo, sentimos que se queda un poco corto con las aportaciones del ruso a la filosofía, por lo que invitamos a la lectura profunda de las propuestas de Bakunin.

El pensamiento comunista puede ir más allá de los desacuerdos de personajes y partidos. La generación de ideas debe ir siempre bajo un constante cuestionamiento que parta de la práctica, mientras que las acciones que realicemos se nutren de las reflexiones teóricas que nos permiten avanzar hacia un escenario revolucionario. Porque las revoluciones no nacen, se hacen.

Desde el arte y específicamente desde el teatro se pueden realizar análisis que nos permitan llegar a estas conclusiones sin necesidad de tener un título de experto en la ciencia de Marx. Por lo que no dudamos ni un segundo en cuanto se abrió la posibilidad de publicar este texto y compartimos la invitación del autor a replicar esta puesta en escena en todos los lugares donde sea posible.

Termino agradeciendo a Xavier Araiza por permitirnos publicar su guión y pedirles su ayuda en su difusión. Este, es un texto disfrutable, creativo y rico que nos puede iniciar en una discusión más allá de los paradigmas del pensamiento revolucionario.

La contradicción del Dios bipolar – Corban Asaf Cuevas

Corban Asaf Cuevas / Mínima Marginalia I

Preludio:

Crecí en un hogar donde el hambre y la incertidumbre de un futuro menos precario eran parchados con la tela de la fe, en una casa cuya base se sostenía no por cimientos físicos, más bien por la firme esperanza puesta en el único libro al que teníamos acceso, y no cualquier libro, sino uno de los libros más influyentes que ha existido, un libro que ha sido traducido y adaptado a 3,658 idiomas diferentes en todo el mundo, un libro que en su núcleo principal no es más que un compendio de mitos fundacionales, relatos de la tradición oral e historias acerca de un pueblo: su inicio, ascenso, caída y reconstrucción.

La Biblia ha sido fuente de la fe y devoción de miles de personas alrededor del mundo; es la base para tres de las principales religiones modernas (judaísmo, cristianismo e islam), con cientos de personas congregándose todos los días en sus respectivos templos y/o mezquitas. Un libro que habla de la bondad, la provisión y la esperanza de aquellos que se creen hijos de aquel dios que los cuida todos los días de su vida. Un libro que ha sido el epicentro de muchos de los momentos más oscuros que ha vivido el ser humano; desde ser la excusa perfecta para perpetuar guerras y genocidios, hasta ser utilizado como veneno cultural para erradicar y mantener sometidas a las masas oprimidas, es ahí donde todos podríamos hacernos la misma pregunta: ¿Cómo es que un libro cuyo fundamento está basado en leyes santas, el amor divino de una deidad a su pueblo y un evangelio de paz, puede ser usado como arma de control, de odio; siendo el clavo final que crucifica el corazón de los derrotados?

Esta y mil preguntas similares han sido el cuervo que no me deja en paz, taladrando mi mente e incrementando en mí la incertidumbre, aquella necesidad asfixiante de encontrar un camino diferente, uno que me permitiera experimentar a ese dios que tanto se me había compartido y que con el evangelio no había sido capaz de encontrar; sé que no soy la única persona en esta situación, este debe ser un pensamiento bastante común; por ende, para encontrar la luz y abrir una brecha aunque sea pequeña, me tomaré la titánica tarea (o al menos lo intentaré) de evidenciar al rey que va desnudo.

Una mordida a la manzana del capital.

En la actualidad, el cristianismo no es más que la sombra de lo que alguna vez pretendió, pues fue llevado al desierto a ser tentado y, frente a la promesa de poder, se mordió a sí mismo, convirtiéndose en una burda parodia; no es de sorprender que hoy en día, con el aumento de la derecha conservadora en todo el mundo “occidental”, siendo Estados Unidos el mayor exponente y más con el regreso de Trump a la presidencia en 2025, las redes sociales se hayan llenado de personajes detestables cuyas ideas ultraconservadoras se escudan bajo el cobijo de la cruz. Sin embargo, así como al mismo sistema que sirve, el cristianismo moderno tiene los días contados; su caída está cada vez más cerca, cada vez es más fácil notar las llagas que lo van pudriendo, pues el cristianismo (especialmente el evangélico) se ha vuelto un producto más que ofrecer en el mercado de las religiones; la siguiente opción de comida rápida espiritual que puedes consumir en un vídeo de 30 segundos o menos, donde la sustancia importa menos que el dinero que puedas generar insultando minorías, solo para ser asesinado en vivo y que otros lucren con tu “santo” cadáver.

Sin embargo, esta deformación ideológica no fue algo que vino de la noche a la mañana con la llegada del internet al mundo; más bien fue un proceso que se coció a fuego bajo durante muchos años, pues la iglesia ciega de codicia prostituyó al Cristo por un par de monedas, bajándolo de la cruz y poniendo en su lugar a Mammón.

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10) RV60

El coqueteo de la iglesia con el poder ha sido amplio, por lo que es cuando menos interesante ver cómo en cada momento en la “historia” siempre podemos identificar a la iglesia metiendo las manos, justo como ese enano que mueve las fichas del que W.Benjamin hablaba en sus tesis; si tomamos la lupa del materialismo histórico podemos incluso seguir el rastro que la teología ha dejado alrededor del transcurso humano, gracias a esto podemos encontrar no solo su huella histórica sino también una especie de tufo invasivo el cual una vez le prestas atención, no puedes dejar de olerlo, podemos ver cómo toda la historia ha sido impregnada por la peste de este ente espiritualoide, el cual usa la hermenéutica como arma, que mientras intenta naturalizar cuestiones artificiales como la construcción de un espacio temporal que condiciona nuestra propia realidad, paradójicamente de la misma manera demuestra ciclos de repetición y patrones en su actuar, esto lo digo sin pretender darle toda la razón a Marx con la idea de un progreso histórico, lo que sí es inherentemente evidente es la ciclicidad que tiene la vida misma, pues los patrones son claros, así como la iglesia (como si fuera un ente mente colmena) es el perrito faldero del capital en la actualidad, así lo fue en el pasado con casi cualquier forma de poder que haya existido, para tener una idea más clara de esto viajemos a esta realidad discontinua a la que llamamos pasado y veamos como ha influido la iglesia en todo este sistema que cada vez se acerca a su propia decadencia.

La década transitoria de los años 60 y 70 es un momento particularmente interesante de analizar, pues es donde ocurre el estallar de muchos de los movimientos sociales que marcarían un cambio de paradigmas dentro del mismo sistema, tales como los movimientos raciales estilo “Black Power Movement”, que inspirarían al famoso pastor y activista en pro de los derechos afroamericanos Martin Luther King (al cual retomaremos próximamente), múltiples movimientos antibélicos y en pro de los derechos civiles, movimientos feministas, el movimiento estudiantil del ‘68 en México, el triunfo de la revolución cubana y múltiples insurrecciones campesinas en toda Latinoamérica. Todos estos movimientos contraculturales nacidos a partir de las grietas que el sistema desde entonces ya estaba mostrando fueron una respuesta a la fuerte opresión que en ese tiempo se vivía: la Guerra Fría, el incremento de la violencia en Vietnam, el aumento de la pobreza debido a caídas económicas y la bastardización de la condición de la vida de los oprimidos. Todo esto no fue más que un caldo de cultivo para que se gestara en la gente una semilla del cambio (¿suena familiar, no?).

Al interior del mundo eclesiástico estos cambios no fueron ajenos, pues la iglesia como institución se vio obligada a voltear por primera vez en mucho tiempo fuera de sus propios pensamientos, llegando así a un momento de inflexión.

Dentro de los movimientos católicos encontramos grietas y semillas del cambio por parte de múltiples feligreses que, al ver el dolor del pueblo, prefirieron el polvo antes que el oro; algunos se enfrentaron incluso a su “misión divina”, pues creían que “los indios estaban mejor como paganos vivos que como cristianos muertos”. Gracias a estas personas que con interés genuino vieron al prójimo, se creó todo un movimiento católico que resonó muy fuerte en toda América Latina (y que sigue sonando gracias a los cultos de base): la teología de la liberación, un movimiento cuyo mensaje era realmente “diferente”, le daba una especial atención a los pobres y oprimidos, y el cómo lograr mediante la fe y la Biblia salir adelante cuestionando al sistema, su vida misma y a la iglesia. Fue tanta su relevancia que hizo mella dentro del Vaticano, que con todo su poder intentaba silenciar aquel ruidoso clamor que el propio pueblo empezaba a soltar, ya no un clamor de lamento, sino uno de esperanza, donde la organización y la comunidad volvían a ser el centro de la iglesia. Las autoridades vaticanas, realmente no estaban conformes con este nuevo “problema”, llegando incluso a silenciar lo que no les gustaba o unirse al sistema en pro de defender lo que ellos consideraban sagrado, no las vidas, no la gente, su “estatus”. Fue tal la presión de este movimiento que tarde o temprano terminaron cediendo, como con el Concilio Vaticano II, pero no por completo, pues jamás cuestionaron al sistema que les dio de comer (el del capital), sino que se dignaron a soltar leyes y decretos dignos de alguien que no tiene idea de cómo es la realidad a la que pretende ayudar.

Lo más interesante de todo esto es cómo ambos sectores parten del mismo sitio, la Biblia, y el cómo con las mismas herramientas se generan diferentes perspectivas, unas para liberar y otras para mantener su estatus, pues así como estos curas, que veían en el Éxodo la verdadera misión liberadora de Dios, el Vaticano veía en él únicamente las normas y leyes que habrían de ser cumplidas si se buscaba una buena vida después de la muerte. En este tiempo es realmente palpable ver los diferentes enfoques que se pueden obtener dependiendo de tu estatus en el sistema, tales como el defender al pobre en el aquí y ahora o el simple hecho de doparlos dándoles una “esperanza” que vendrá solo con la muerte.

El bloque evangélico no se quedó atrás; durante esta época hubo movimientos sociales por parte de laicos que se acercaron a la iglesia para encontrar una respuesta a la opresión que estaban viviendo. Martin Luther King, un ministro bautista que lideró uno de los movimientos liberales que más resonaron en la actualidad, el cual, utilizando la propia teología que en su momento fue usada para reprimir, en este caso citando al teólogo Santo Tomás de Aquino, como método de liberar, de criticar y juzgar las leyes injustas que la misma iglesia apoyó, para que el Estado reprimiera la libertad, para que solo sea accesible a unos cuantos (en este caso la raza blanca), King, como muchos que partieron de movimientos sociales, no pretendía erradicar a la iglesia como tal, sino más bien evidenciar la obvia contradicción entre las narrativas que se usaron (como lo que hago en este ensayo), que como símil de aquellos profetas que con la misma palabra de su Dios criticaban la corrupción del pueblo hebreo y de sus autoridades. Así mismo, King entendió que el cambio del evangelio no solo debía ser religioso, sino también político (como lo entendieron también muchos curas de la teología de la liberación). Algo hermoso de todo fue la función que tuvieron muchas de las iglesias en este tiempo, que fungieron como bastiones de cambio en la lucha social, centros de emancipación de las masas y refugios para muchos.

Sin embargo, no todo fue bueno, pues para que haya una “lucha” deben existir, por ende, dos bandos, y mientras que una nueva perspectiva de la hermenéutica en favor de los oprimidos se levantó, al mismo tiempo la añeja y enquistada teología del capital crecía a pasos agigantados, haciendo berrinche para no perder su estatus de privilegio. Estoy hablando del fundamentalismo religioso que, a diferencia del Vaticano, no dio su brazo a torcer ni aunque fuera un poco; más bien se dedicó a hacer de la Biblia algo monolítico, incuestionable, infranqueable, ahistórico (en el peor de los sentidos) y literal, una rígida posición de la hermenéutica que solventaba la permanencia de ciertas clases en el poder apoyándose en bastones fantasmagóricos como las ciencias “naturales” y la historia contada desde la perspectiva del vencedor.

La década de los 70 es un momento ideal, pues gracias a tantos movimientos es super palpable ver las contradicciones del sistema religioso que vemos ahora también en pleno siglo XXI; una fuerte serie de críticas a las cuestiones enquistadas por la iglesia como la familia monogámica, el trabajo, la raza y el género que abrieron el abanico de posibilidades de pensamiento, como a su vez lo hicieron muchos otros que pensaron en el menos privilegiado siglos atrás. La Reforma protestante, en pleno apogeo del capital, trajo consigo un cambio de paradigmas a una iglesia que se había perdido desde hace mucho, una iglesia que se había vuelto loca de poder.

Con la llegada del Renacimiento y el debilitamiento de la Iglesia en el poder (social, económico y cultural), un “nuevo” ser nació: el hombre individualizado y, con él, múltiples formas de pensamiento, así como un nuevo interés por cuestionar la vida, dar respuestas a preguntas que llegaron incluso a cuestionar la forma de relacionarse con aquel demiurgo tan místico, casi tiránico y lejano que trajo la Iglesia católica romana y el feudalismo. El cambio entre el sistema económico feudal por uno basado en el mundo mercantil permitió que diferentes formas de vida fueran capaces de coexistir, pues ya no era un señor feudal el que estaba en “la cima de la cadena económica”, sino los productores de mercancías. Esto permitió agrandar las ciudades, expandir las fronteras y achicar el mundo (con la llegada de la prematura globalización), lo que paradójicamente promovió la individualización de la vida pública, es decir, la contracción de una cosmovisión plural a una singular que se segmentó por ciudades, familias e individuos. Esta característica fue clave para que Lutero pudiera esparcir la semilla de su reforma protestante, ya que la descentralización del poder económico en el clero permitió que más individuos pudieran involucrarse en diferentes actividades como la fe, de una forma más íntima y personal, esto apoyado gracias a Gutenberg y su famosa imprenta, que proporcionó a cada pobre alma una biblia al alcance de quien pudiera pagarla.

La reforma trajo consigo un cambio de paradigmas, arrancando lo sacramental y comunal de la Iglesia romana, basada en tradiciones y dogmas, a algo más cercano e individual, basado más en la lectura de la Biblia, su estudio e interpretación y la experiencia única de la relación con Dios; por ende, es de carácter más “rígido” y hermenéutico (un dato importante que abordaré más adelante). Sin embargo, el cambio más relevante fue que, así como una especie de Prometeo, bajó la Biblia al pueblo, para que cada persona fuera “libre” de interpretar las escrituras. Esta “libertad” trajo consigo un mundo nuevo; sin embargo, tendría un precio, más bien, un truco: aquel pequeño cigoto gestante de una sociedad que pronto vería la luz con la explotación de la clase obrera, la ya fundamentada globalización del mundo y la alienación de los individuos al “libre pensamiento” cristiano protestante hegemónico, el capitalismo.

La Reforma protestante fue un paso importante para que el germen del capital se esparciera, pues se encargó de naturalizar todo lo necesario para que este cáncer entrara en nuestra cosmovisión mediante el uso de la alienación a la fe, con términos como “familia”, “trabajo (como regalo de Dios)”, “esclavitud por amor”, “el respeto a la autoridad”, etc. Así como fue bueno que trajo la sensación de “libertad”, así también empezó a construir gracias a la teología una realidad diferente que se arraigara muy al fondo de la psique humana, tanto así que hoy en día parece casi natural e incuestionable. Poco a poco vimos cómo aquella semilla que parecía velar por los pobres al mismo tiempo puso en marcha las crónicas de una muerte anunciada.

Conclusiones

Todos los días me subo al camión para ir a la escuela; durante el trayecto son muchas las personas que me acompañan, todas listas para empezar la rutina. Algunas, como yo, van a estudiar; otras están por empezar su jornada laboral, donde tal vez no les pagan muy bien y los explotan. Sin embargo, lo que me llama la atención es que muchos de ellos, por más cansados y desganados que se vean en el exterior, no pueden evitar, casi como si estuviera en lo más profundo de su ser, cometer el mismo dogma, hasta como un reflejo involuntario. Hablo de aquella curiosa acción de persignarse. Eso me pone a pensar: ¿Cómo es que, a pesar del cansancio que puede generar vivir en esta sociedad, bajo este sistema tan voraz como el capitalismo, aún tienen la fuerza para mantener una fe?

No fue luego de tanto observar, dialogar y pensar que me di cuenta de lo siguiente: Para el sistema en el poder, Dios no es más que una «necesaria herramienta» que ponen a su servicio para perpetuar su dominio manteniendo a las masas oprimidas, mientras que para el vencido, para aquellos que siguen adelante, que mantienen a una familia, Dios es mucho más cercano y real; deja de ser ese demiurgo lejano que atormenta con sus normas, deja de ser ese pobre hombre colgado de un madero; más bien, se vuelve parte de nosotros, es eso que te motiva a seguir yendo al trabajo en ese destartalado autobús todos los días, es la esperanza de que mañana será otro día, pero más importante es la clave para juntos construir un camino mejor.

A pesar de que parezca que la teología o Dios es el opio del pueblo y en cierta forma para algunos lo es, también es la semilla que inspira el cambio; como hemos visto, realmente si esta contradicción entre las narrativas es tan obvia, no es porque el sistema quiera que lo descubramos; más bien, es por nosotros, porque empezamos a cuestionar la realidad que se nos ha impuesto. Aun con todo el cansancio, logramos pensar una realidad donde existe el sueño de un lugar mejor, más justo, más horizontal, donde cada quien vive y no solo está vivo. Es esta cuestión mesiánica de la que W. Benjamin hablaba, pues el éxito no va a golpearnos a la ventana. Ahí está la semilla, que se puede encontrar aún en los rincones más pequeños y abandonados, en aquellas personas que, a pesar de todo, se persignan recordando a aquel hombre que por amor dio todo; se persignan en comunidad pensando en su comadre, en su compadre, en sus hijos; plantando las semillas que les darán sombra mañana. Pienso que mientras existan personas que se interesen de verdad, siempre habrá una nueva esperanza, pues a diferencia de las personas con el privilegio, nosotros no estamos solos, tenemos el espíritu de los derrotados de nuestro lado, y estos son más, y por eso la fe mueve montañas, como lo vimos a lo largo de este ensayo. Por eso, por más grietas que le aparezcan al sistema, más somos los que levantamos el puño, más somos los que con sus mismas contradicciones los resistimos.

Bibliografía