Corban Asaf Cuevas / Mínima Marginalia I
Preludio:
Crecí en un hogar donde el hambre y la incertidumbre de un futuro menos precario eran parchados con la tela de la fe, en una casa cuya base se sostenía no por cimientos físicos, más bien por la firme esperanza puesta en el único libro al que teníamos acceso, y no cualquier libro, sino uno de los libros más influyentes que ha existido, un libro que ha sido traducido y adaptado a 3,658 idiomas diferentes en todo el mundo, un libro que en su núcleo principal no es más que un compendio de mitos fundacionales, relatos de la tradición oral e historias acerca de un pueblo: su inicio, ascenso, caída y reconstrucción.
La Biblia ha sido fuente de la fe y devoción de miles de personas alrededor del mundo; es la base para tres de las principales religiones modernas (judaísmo, cristianismo e islam), con cientos de personas congregándose todos los días en sus respectivos templos y/o mezquitas. Un libro que habla de la bondad, la provisión y la esperanza de aquellos que se creen hijos de aquel dios que los cuida todos los días de su vida. Un libro que ha sido el epicentro de muchos de los momentos más oscuros que ha vivido el ser humano; desde ser la excusa perfecta para perpetuar guerras y genocidios, hasta ser utilizado como veneno cultural para erradicar y mantener sometidas a las masas oprimidas, es ahí donde todos podríamos hacernos la misma pregunta: ¿Cómo es que un libro cuyo fundamento está basado en leyes santas, el amor divino de una deidad a su pueblo y un evangelio de paz, puede ser usado como arma de control, de odio; siendo el clavo final que crucifica el corazón de los derrotados?
Esta y mil preguntas similares han sido el cuervo que no me deja en paz, taladrando mi mente e incrementando en mí la incertidumbre, aquella necesidad asfixiante de encontrar un camino diferente, uno que me permitiera experimentar a ese dios que tanto se me había compartido y que con el evangelio no había sido capaz de encontrar; sé que no soy la única persona en esta situación, este debe ser un pensamiento bastante común; por ende, para encontrar la luz y abrir una brecha aunque sea pequeña, me tomaré la titánica tarea (o al menos lo intentaré) de evidenciar al rey que va desnudo.
Una mordida a la manzana del capital.
En la actualidad, el cristianismo no es más que la sombra de lo que alguna vez pretendió, pues fue llevado al desierto a ser tentado y, frente a la promesa de poder, se mordió a sí mismo, convirtiéndose en una burda parodia; no es de sorprender que hoy en día, con el aumento de la derecha conservadora en todo el mundo “occidental”, siendo Estados Unidos el mayor exponente y más con el regreso de Trump a la presidencia en 2025, las redes sociales se hayan llenado de personajes detestables cuyas ideas ultraconservadoras se escudan bajo el cobijo de la cruz. Sin embargo, así como al mismo sistema que sirve, el cristianismo moderno tiene los días contados; su caída está cada vez más cerca, cada vez es más fácil notar las llagas que lo van pudriendo, pues el cristianismo (especialmente el evangélico) se ha vuelto un producto más que ofrecer en el mercado de las religiones; la siguiente opción de comida rápida espiritual que puedes consumir en un vídeo de 30 segundos o menos, donde la sustancia importa menos que el dinero que puedas generar insultando minorías, solo para ser asesinado en vivo y que otros lucren con tu “santo” cadáver.
Sin embargo, esta deformación ideológica no fue algo que vino de la noche a la mañana con la llegada del internet al mundo; más bien fue un proceso que se coció a fuego bajo durante muchos años, pues la iglesia ciega de codicia prostituyó al Cristo por un par de monedas, bajándolo de la cruz y poniendo en su lugar a Mammón.
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10) RV60
El coqueteo de la iglesia con el poder ha sido amplio, por lo que es cuando menos interesante ver cómo en cada momento en la “historia” siempre podemos identificar a la iglesia metiendo las manos, justo como ese enano que mueve las fichas del que W.Benjamin hablaba en sus tesis; si tomamos la lupa del materialismo histórico podemos incluso seguir el rastro que la teología ha dejado alrededor del transcurso humano, gracias a esto podemos encontrar no solo su huella histórica sino también una especie de tufo invasivo el cual una vez le prestas atención, no puedes dejar de olerlo, podemos ver cómo toda la historia ha sido impregnada por la peste de este ente espiritualoide, el cual usa la hermenéutica como arma, que mientras intenta naturalizar cuestiones artificiales como la construcción de un espacio temporal que condiciona nuestra propia realidad, paradójicamente de la misma manera demuestra ciclos de repetición y patrones en su actuar, esto lo digo sin pretender darle toda la razón a Marx con la idea de un progreso histórico, lo que sí es inherentemente evidente es la ciclicidad que tiene la vida misma, pues los patrones son claros, así como la iglesia (como si fuera un ente mente colmena) es el perrito faldero del capital en la actualidad, así lo fue en el pasado con casi cualquier forma de poder que haya existido, para tener una idea más clara de esto viajemos a esta realidad discontinua a la que llamamos pasado y veamos como ha influido la iglesia en todo este sistema que cada vez se acerca a su propia decadencia.
La década transitoria de los años 60 y 70 es un momento particularmente interesante de analizar, pues es donde ocurre el estallar de muchos de los movimientos sociales que marcarían un cambio de paradigmas dentro del mismo sistema, tales como los movimientos raciales estilo “Black Power Movement”, que inspirarían al famoso pastor y activista en pro de los derechos afroamericanos Martin Luther King (al cual retomaremos próximamente), múltiples movimientos antibélicos y en pro de los derechos civiles, movimientos feministas, el movimiento estudiantil del ‘68 en México, el triunfo de la revolución cubana y múltiples insurrecciones campesinas en toda Latinoamérica. Todos estos movimientos contraculturales nacidos a partir de las grietas que el sistema desde entonces ya estaba mostrando fueron una respuesta a la fuerte opresión que en ese tiempo se vivía: la Guerra Fría, el incremento de la violencia en Vietnam, el aumento de la pobreza debido a caídas económicas y la bastardización de la condición de la vida de los oprimidos. Todo esto no fue más que un caldo de cultivo para que se gestara en la gente una semilla del cambio (¿suena familiar, no?).
Al interior del mundo eclesiástico estos cambios no fueron ajenos, pues la iglesia como institución se vio obligada a voltear por primera vez en mucho tiempo fuera de sus propios pensamientos, llegando así a un momento de inflexión.
Dentro de los movimientos católicos encontramos grietas y semillas del cambio por parte de múltiples feligreses que, al ver el dolor del pueblo, prefirieron el polvo antes que el oro; algunos se enfrentaron incluso a su “misión divina”, pues creían que “los indios estaban mejor como paganos vivos que como cristianos muertos”. Gracias a estas personas que con interés genuino vieron al prójimo, se creó todo un movimiento católico que resonó muy fuerte en toda América Latina (y que sigue sonando gracias a los cultos de base): la teología de la liberación, un movimiento cuyo mensaje era realmente “diferente”, le daba una especial atención a los pobres y oprimidos, y el cómo lograr mediante la fe y la Biblia salir adelante cuestionando al sistema, su vida misma y a la iglesia. Fue tanta su relevancia que hizo mella dentro del Vaticano, que con todo su poder intentaba silenciar aquel ruidoso clamor que el propio pueblo empezaba a soltar, ya no un clamor de lamento, sino uno de esperanza, donde la organización y la comunidad volvían a ser el centro de la iglesia. Las autoridades vaticanas, realmente no estaban conformes con este nuevo “problema”, llegando incluso a silenciar lo que no les gustaba o unirse al sistema en pro de defender lo que ellos consideraban sagrado, no las vidas, no la gente, su “estatus”. Fue tal la presión de este movimiento que tarde o temprano terminaron cediendo, como con el Concilio Vaticano II, pero no por completo, pues jamás cuestionaron al sistema que les dio de comer (el del capital), sino que se dignaron a soltar leyes y decretos dignos de alguien que no tiene idea de cómo es la realidad a la que pretende ayudar.
Lo más interesante de todo esto es cómo ambos sectores parten del mismo sitio, la Biblia, y el cómo con las mismas herramientas se generan diferentes perspectivas, unas para liberar y otras para mantener su estatus, pues así como estos curas, que veían en el Éxodo la verdadera misión liberadora de Dios, el Vaticano veía en él únicamente las normas y leyes que habrían de ser cumplidas si se buscaba una buena vida después de la muerte. En este tiempo es realmente palpable ver los diferentes enfoques que se pueden obtener dependiendo de tu estatus en el sistema, tales como el defender al pobre en el aquí y ahora o el simple hecho de doparlos dándoles una “esperanza” que vendrá solo con la muerte.
El bloque evangélico no se quedó atrás; durante esta época hubo movimientos sociales por parte de laicos que se acercaron a la iglesia para encontrar una respuesta a la opresión que estaban viviendo. Martin Luther King, un ministro bautista que lideró uno de los movimientos liberales que más resonaron en la actualidad, el cual, utilizando la propia teología que en su momento fue usada para reprimir, en este caso citando al teólogo Santo Tomás de Aquino, como método de liberar, de criticar y juzgar las leyes injustas que la misma iglesia apoyó, para que el Estado reprimiera la libertad, para que solo sea accesible a unos cuantos (en este caso la raza blanca), King, como muchos que partieron de movimientos sociales, no pretendía erradicar a la iglesia como tal, sino más bien evidenciar la obvia contradicción entre las narrativas que se usaron (como lo que hago en este ensayo), que como símil de aquellos profetas que con la misma palabra de su Dios criticaban la corrupción del pueblo hebreo y de sus autoridades. Así mismo, King entendió que el cambio del evangelio no solo debía ser religioso, sino también político (como lo entendieron también muchos curas de la teología de la liberación). Algo hermoso de todo fue la función que tuvieron muchas de las iglesias en este tiempo, que fungieron como bastiones de cambio en la lucha social, centros de emancipación de las masas y refugios para muchos.
Sin embargo, no todo fue bueno, pues para que haya una “lucha” deben existir, por ende, dos bandos, y mientras que una nueva perspectiva de la hermenéutica en favor de los oprimidos se levantó, al mismo tiempo la añeja y enquistada teología del capital crecía a pasos agigantados, haciendo berrinche para no perder su estatus de privilegio. Estoy hablando del fundamentalismo religioso que, a diferencia del Vaticano, no dio su brazo a torcer ni aunque fuera un poco; más bien se dedicó a hacer de la Biblia algo monolítico, incuestionable, infranqueable, ahistórico (en el peor de los sentidos) y literal, una rígida posición de la hermenéutica que solventaba la permanencia de ciertas clases en el poder apoyándose en bastones fantasmagóricos como las ciencias “naturales” y la historia contada desde la perspectiva del vencedor.
La década de los 70 es un momento ideal, pues gracias a tantos movimientos es super palpable ver las contradicciones del sistema religioso que vemos ahora también en pleno siglo XXI; una fuerte serie de críticas a las cuestiones enquistadas por la iglesia como la familia monogámica, el trabajo, la raza y el género que abrieron el abanico de posibilidades de pensamiento, como a su vez lo hicieron muchos otros que pensaron en el menos privilegiado siglos atrás. La Reforma protestante, en pleno apogeo del capital, trajo consigo un cambio de paradigmas a una iglesia que se había perdido desde hace mucho, una iglesia que se había vuelto loca de poder.
Con la llegada del Renacimiento y el debilitamiento de la Iglesia en el poder (social, económico y cultural), un “nuevo” ser nació: el hombre individualizado y, con él, múltiples formas de pensamiento, así como un nuevo interés por cuestionar la vida, dar respuestas a preguntas que llegaron incluso a cuestionar la forma de relacionarse con aquel demiurgo tan místico, casi tiránico y lejano que trajo la Iglesia católica romana y el feudalismo. El cambio entre el sistema económico feudal por uno basado en el mundo mercantil permitió que diferentes formas de vida fueran capaces de coexistir, pues ya no era un señor feudal el que estaba en “la cima de la cadena económica”, sino los productores de mercancías. Esto permitió agrandar las ciudades, expandir las fronteras y achicar el mundo (con la llegada de la prematura globalización), lo que paradójicamente promovió la individualización de la vida pública, es decir, la contracción de una cosmovisión plural a una singular que se segmentó por ciudades, familias e individuos. Esta característica fue clave para que Lutero pudiera esparcir la semilla de su reforma protestante, ya que la descentralización del poder económico en el clero permitió que más individuos pudieran involucrarse en diferentes actividades como la fe, de una forma más íntima y personal, esto apoyado gracias a Gutenberg y su famosa imprenta, que proporcionó a cada pobre alma una biblia al alcance de quien pudiera pagarla.
La reforma trajo consigo un cambio de paradigmas, arrancando lo sacramental y comunal de la Iglesia romana, basada en tradiciones y dogmas, a algo más cercano e individual, basado más en la lectura de la Biblia, su estudio e interpretación y la experiencia única de la relación con Dios; por ende, es de carácter más “rígido” y hermenéutico (un dato importante que abordaré más adelante). Sin embargo, el cambio más relevante fue que, así como una especie de Prometeo, bajó la Biblia al pueblo, para que cada persona fuera “libre” de interpretar las escrituras. Esta “libertad” trajo consigo un mundo nuevo; sin embargo, tendría un precio, más bien, un truco: aquel pequeño cigoto gestante de una sociedad que pronto vería la luz con la explotación de la clase obrera, la ya fundamentada globalización del mundo y la alienación de los individuos al “libre pensamiento” cristiano protestante hegemónico, el capitalismo.
La Reforma protestante fue un paso importante para que el germen del capital se esparciera, pues se encargó de naturalizar todo lo necesario para que este cáncer entrara en nuestra cosmovisión mediante el uso de la alienación a la fe, con términos como “familia”, “trabajo (como regalo de Dios)”, “esclavitud por amor”, “el respeto a la autoridad”, etc. Así como fue bueno que trajo la sensación de “libertad”, así también empezó a construir gracias a la teología una realidad diferente que se arraigara muy al fondo de la psique humana, tanto así que hoy en día parece casi natural e incuestionable. Poco a poco vimos cómo aquella semilla que parecía velar por los pobres al mismo tiempo puso en marcha las crónicas de una muerte anunciada.
Conclusiones
Todos los días me subo al camión para ir a la escuela; durante el trayecto son muchas las personas que me acompañan, todas listas para empezar la rutina. Algunas, como yo, van a estudiar; otras están por empezar su jornada laboral, donde tal vez no les pagan muy bien y los explotan. Sin embargo, lo que me llama la atención es que muchos de ellos, por más cansados y desganados que se vean en el exterior, no pueden evitar, casi como si estuviera en lo más profundo de su ser, cometer el mismo dogma, hasta como un reflejo involuntario. Hablo de aquella curiosa acción de persignarse. Eso me pone a pensar: ¿Cómo es que, a pesar del cansancio que puede generar vivir en esta sociedad, bajo este sistema tan voraz como el capitalismo, aún tienen la fuerza para mantener una fe?
No fue luego de tanto observar, dialogar y pensar que me di cuenta de lo siguiente: Para el sistema en el poder, Dios no es más que una «necesaria herramienta» que ponen a su servicio para perpetuar su dominio manteniendo a las masas oprimidas, mientras que para el vencido, para aquellos que siguen adelante, que mantienen a una familia, Dios es mucho más cercano y real; deja de ser ese demiurgo lejano que atormenta con sus normas, deja de ser ese pobre hombre colgado de un madero; más bien, se vuelve parte de nosotros, es eso que te motiva a seguir yendo al trabajo en ese destartalado autobús todos los días, es la esperanza de que mañana será otro día, pero más importante es la clave para juntos construir un camino mejor.
A pesar de que parezca que la teología o Dios es el opio del pueblo y en cierta forma para algunos lo es, también es la semilla que inspira el cambio; como hemos visto, realmente si esta contradicción entre las narrativas es tan obvia, no es porque el sistema quiera que lo descubramos; más bien, es por nosotros, porque empezamos a cuestionar la realidad que se nos ha impuesto. Aun con todo el cansancio, logramos pensar una realidad donde existe el sueño de un lugar mejor, más justo, más horizontal, donde cada quien vive y no solo está vivo. Es esta cuestión mesiánica de la que W. Benjamin hablaba, pues el éxito no va a golpearnos a la ventana. Ahí está la semilla, que se puede encontrar aún en los rincones más pequeños y abandonados, en aquellas personas que, a pesar de todo, se persignan recordando a aquel hombre que por amor dio todo; se persignan en comunidad pensando en su comadre, en su compadre, en sus hijos; plantando las semillas que les darán sombra mañana. Pienso que mientras existan personas que se interesen de verdad, siempre habrá una nueva esperanza, pues a diferencia de las personas con el privilegio, nosotros no estamos solos, tenemos el espíritu de los derrotados de nuestro lado, y estos son más, y por eso la fe mueve montañas, como lo vimos a lo largo de este ensayo. Por eso, por más grietas que le aparezcan al sistema, más somos los que levantamos el puño, más somos los que con sus mismas contradicciones los resistimos.
Bibliografía
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- America’s Black Holocaust Museum. (2025, 24 noviembre). Social Movements and Organizations of the 1960s, 70s and 80s – America’s Black Holocaust Museum. https://www.abhmuseum.org/social-movements-and-organizations-of-the-1960s-70s-and-80s/
- Berryman, P. (1989). Teología de la liberación: los hechos esenciales en torno al movimiento revolucionario en América Latina y otros lugares. Siglo XXI.
- Dra. Nora Pérez Rayón y Elizundia (2024, Diciembre). Extrema derecha religiosa en los Estados Unidos (1950-2024). Una biografía colectiva de sus actores. (1er. Parte)
- Omar Elenilson Flores Salguero (2017). La Reforma Protestante: Su pensamiento y legado en la cultura occidental
- Bishop Robert Barron (2020, Julio). Martín Luther King y la motivación religiosa para el cambio social. https://www.wordonfire.org/es/articulos/obispo-barron/martin-luther-king-y-la-motivacion-religiosa-para-el-cambio-social/
- Benjamin, W., & Echevarría, B. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos.

