Anarquistas en Afganistán [Comunicado y entrevista]

El medio oriente y su guerra constante dan de nuevo de que hablar, después de que el gobierno retirará sus tropas de territorio afgano, los talibanes han derrotado al ejército afgano, consecuentemente tomaron el control del gobierno. Tomaron las principales ciudades del país hasta llegar al palacio presidencial y provocar la huida del presidente Ashraf Ghani. Este grupo llamado “los talibanes” son unos religiosos extremistas que su finalidad era aplicar su interpretación de la ley islámica y evitar cualquier influencia del extranjero, apoyados y financiados por el gobierno de los Estados Unidos en la guerra fría para enfrentar las ideas comunistas [de la URSS].

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Apuntes sobre “El Patriarcado del Salario” – Ricardo Campillo

Reflexionar el capitalismo, desde una perspectiva del hombre blanco y occidental, es un error metodológico que hemos realizado a través de muchos años, por lo tanto, abordar el capitalismo desde una crítica más radical podría sacar a relucir todo aquello que se escondía desde una visión anti-capitalista dominada más que nada por el ser hombre. Durante las siguientes páginas no se abordará el pensamiento de Federici a profundidad, si acaso, se entenderá un poco de las páginas que desarrolló en el “patriarcado del salario” y así, poder caer en cuenta de muchos de los errores críticos e históricos que se tienen hoy en día hasta en los grupos más “radicales” y “revolucionarios” considerados anti-capitalistas.

En primer lugar, sabemos que Federici muestra una crítica rigurosa contra todo aquello que pretende naturalizar muchas de las acciones de la mujer, como acciones estereotipadas que se le asignan en el hogar, el cuidado de lxs niñxs, la limpieza y contra toda esa naturalización de la feminidad, es por ello que menciona que al rechazar una mujer una tarea doméstica “no se dice es una mujer en lucha, se dice, es una mala mujer” (Federici, 2018:12). Criticar a Marx, es otra parte de la tarea de Silvia, como comenta, Marx vivió dentro de una industrialización capitalista, y es por ello que se vislumbró con los avances tecnológicos de ese capitalismo que, en manos de la clase trabajadora, pudieran liberarlos de las manos de la explotación. Hombres y mujeres iban a explotarse juntos dentro de las fábricas, y fue un proceso en el que la mujer y el hombre, explotados al mismo tiempo, compartían ciertas características equivalentes dentro de los inicios del capitalismo industrial. Todo esto, hizo que Marx viera, en el capitalismo industrial “una relación más igualitaria entre hombres y mujeres” (Federici, 2018:18). Ahora lo que se vivió a finales del siglo XIX, la introducción del salario familiar, el salario del obrero masculino, el rechazo de la mujer en la fábrica, y, la dependencia económica de la mujer, se conoce como “patriarcado del salario” (Federici, 2018:18).

Federici concuerda que la fuerza de trabajo no es natural. Para Marx, supuestamente, es creado dentro de las áreas del trabajo, dentro del taller y la industria, por lo tanto, es creado bajo estas premisas, sin embargo, identificar la producción de la explotación capitalista tiene puntos negros que no se visualizan en la crítica del alemán. En primera, no observa a profundidad el engranaje que se encuentra dentro, que no es solo dentro del taller donde se produce la fuerza del trabajo, sino en aquel espacio olvidado, el hogar, mayormente utilizado por el ser mujer, donde se cuida, lava, plancha, y, donde se reproduce la cadena de producción de la fuerza de trabajo. Marx descuidó la reproducción y el hogar como el primer centro de producción capitalista (Federici, 2018:20).

“Lo que Marx no vio es que el proceso de acumulación originaria no sólo se separa al campesinado de la tierra, sino que también tiene lugar la separación entre el proceso de producción (producción para el mercado, producción de mercancías) y el proceso de reproducción (producción de la fuerza de trabajo); estos dos empiezan a separarse físicamente y, además, a ser desarrollados por distintos sujetos. El primero es masculino, el segundo femenino, el primero es asalariado, el segundo no asalariado”.

(Federici, 2018:21)

Para la autora del patriarcado del salario, está claro que ser mujer y estar dentro del rol de ser mujer, no solo es lavar, planchar y atender las necesidades físicas, morales y sexuales del/la trabajador/a, sino que se refiere al mantenimiento del “producto más precioso” del capitalismo: la fuerza del trabajo. Porque detrás de cada área de trabajo hay una gran cantidad de trabajo doméstico no remunerado, o sea, una gran cantidad de madres trabajadoras no asalariadas que tienen mucho que ver en la productividad, “es por ello que el trabajo doméstico y la familia son los pilares de la sociedad capitalista” (Federici, 2018:34).

La familia nuclear tal y como hoy en día se conoce, no es un producto natural, es una re-dirección de las relaciones capitalistas dominadas por los hombres. Después de ver a las mujeres, que trabajaban 10 o 15 horas, que salían tomaban y fumaban igual que el varón y llegaban exhaustas después de la jornada laboral, la relación hombre blanco capitalista identificó, un peligro ante la producción de la fuerza de trabajo, “lejos de ser una estructura precapitalista, la familia, tal y como la conocemos en occidente, es una creación del capital para el capital, una institución organizada para garantizar la cantidad y la calidad de la fuerza de trabajo (Federici, 2018:38).

La familia es en sí, trabajo no remunerado, dependencia al hombre, poderío y disciplinamiento sobre las mujeres. Porque mientras exista una institución que adjudique, a la mujer naturalmente, el cuidado de lxs hijxs y la administración del hogar, existirá una gran parte de la población minimizada a ser trabajadora, doblemente explotada, que ni en el hogar será reconocida como la principal productora de fuerza de trabajo y en el trabajo será solamente, mujer haciendo trabajo de hombres.

Aquí es importante aclarar ciertos puntos, hablar de reconocimiento en el hogar o en el trabajo, no es una forma banal de someterse con medallas a las relaciones sociales capitalistas, de lo que se trata a palabras de Federici, es, de dignificar la posición de ciertos grupos frente al capital, por ejemplo, cuando se habla de trabajo doméstico no asalariado, realmente no se busca enrolarse al sistema salarial, sino más bien sacar a relucir el rol de la mujer que tiene dentro de las categorías capitalistas. Las luchas estadounidenses e internacionales de las cuales Silvia habla, por ejemplo; salario para el trabajo doméstico no pretenden subsumirse a las relaciones salariales, sino más bien desaparecerlas. Hablar de derecho de salario no solo es poner más dinero sobre las manos de lxs trabajadorxs, también se habla de muchos derechos laborales, reducción de horas laborales, espacios higiénicos y dignos, etc. Por decirlo con mayor claridad, no se busca trabajar más dentro de la sociedad del trabajo.

Entendiendo a la autora, también nos damos cuenta, que ser mujer no es una categoría separada de las luchas sociales de lxs trabajadores, y es por ello que surge una recriminación a Lópate por pensar que las mujeres no pueden realizar una lucha autónoma, ya que no están organizadas bajo una gestión capital, y más que una lucha autónoma, la mujer como trabajadora explotada dentro del capital, tiene todo el derecho de salir a la calle a exigir sus derechos como cualquier obrerx.

“Nosotras no vamos a poner límites a nuestras capacidades, no vamos a cuantificar nuestro valor. Lo que nos queda es organizar la lucha para obtener lo que queremos, para todas y en nuestros términos. Nuestro objetivo es no tener precio, que nuestro valor se encuentre fuera del mercado, que el precio sea inasumible, para que el trabajo reproductivo, el trabajo en la fábrica y el trabajo en la oficina sean antieconómicos”.

(Federici, 2018:52)

Retomando la posición feminista crítica hacia Marx, el “patriarcado del salario” hace un recuento de todo aquello que el autor de “El capital” dejó a un lado, a pesar de contener miles de páginas, este análisis extensivo de la explotación fabril deja un lado las conceptualizaciones de género, en alguna que otra página se encuentra una cierta documentación de la mujer dentro de la fábrica, pero bajo una visión de victima y no como una mujer en lucha, tal como lo hicieron algunos contemporáneos  (Secombe, 1995)[i]. Son cuatro consideraciones en especial que Silvia dilucida de forma crítica sobre las opiniones de Marx acerca de la industria moderna: 1) que las mujeres nunca habían estado inmersas en la producción social; 2) que la fuerza física limitaba su aportación en el trabajo, 3) la tecnología como punto esencial para la igualdad de género y 4) la fábrica, y no la comunidad, como modelo de producción social.

Marx tenía una tendencia a invisibilizar el trabajo doméstico, es claro que la fuerza de trabajo no es natural, lo que no es claro es que sea en la fábrica donde se produce, como si el/a trabajador/a no hubiese pasado por el mantenimiento del cuidado doméstico antes de ir a la fábrica. Para Marx (y para muchos) solo ahí, en contacto con la maquinaría y bajo el rol de la producción de mercancías, este, produce la fuerza de trabajo, como “un ente que se autorreproduce” (Federici, 2018:69). A palabras símiles, Silvia no se detiene con Marx solamente en la crítica de la invisibilización del rol de la mujer, sin que hace a la vez, una clara referencia entre el género y la raza. Es claro, que Marx también olvidó puntualizar algunos objetos más específicos dentro de las fábricas, repletas de hombres blancos, luchando por los intereses de los hombres, y de los blancos específicamente. Marx reconoce que “El trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra” (Marx, 2008:414), aun así, no se encuentra un trabajo a profundidad que acontezca el racismo como punto de apoyo para el capital.

Criticar Marx no solo un capricho del feminismo. Marx es menester para el movimiento feminista, por ello, es necesario criticar para renovar, o destruirlo, lo primero que llegue. Pero a primera vista reluce un Marx más completo por la crítica feminista, más radical, que no obstruye las críticas del pasado que quedaron apartadas y se agregaron muchas más en la actualidad. Para lograr esto, los trabajos de algunas compañeras son necesarias para Federici, como Dalla Acosta sobre el “trabajo doméstico” o Salma James y su “no-asalariados del mundo”, claves en el proceso de acumulación del capital y el redescubrimiento de la naturaleza del propio capitalismo (Federici, 2018:78).

Ama de casa en construcción

Como es común, se suele pensar con regularidad, más si se es hombre, que el trabajo doméstico es un hacer natural de la mujer, es más “sorprendente” descubrir que esto es más actual que lo que parce, Federici lo data a finales del siglo XIX y principios del siglo XX cuando Gran Bretaña y Estados Unidos ocupaban una mano de obra más productiva que “emprendió una reforma laboral, que transformó la fábrica, la comunidad, el hogar y, por encima de todo, la posición social de la mujer” (Federici, 2018:83) o sea, “la ama de casa de tiempo completo”. Patrón, gobierno y el hombre obrero occidental, todos de acuerdo, desterraron a la mujer al hogar, todo ello por causa de las revueltas obreras y la crisis de la lucha de clases quienes se dirigían a buscar un salario (para el hombre) más sólido que pudiera hacerse cargo de las necesidades del hogar, o sea de la mujer y sus hijxs. Aunque parezca ridículo en un debate parlamentario inglés de 1847 (Ten Ours Act) un defensor de la restricción comentaba que las mujeres “no solo hacen el trabajo de los hombres” forman clubs y asociaciones, y van adquiriendo privilegios que son naturalmente masculinos (Federici, 2018:87). Era tiempo de detener el excesivo trabajo que llevaban a cabo, hombres, mujeres y niñxs atados a la fabricas más de 12 horas, esto ponía en peligro la nueva generación de trabajadores, las mujeres, trabajando todo el día, no podían “hacerse cargo” de la futura fuerza de trabajo, y la segunda revolución industrial llegó a tiempo para hacerlo, con una necesidad de mano de obra más fuerte, mejores sueldos y la transformación de la industria ligera a la industria pesada, la mujer y los hijos fueron puestos en su “lugar”, en el hogar dentro de la institucionalización de la familia.

“Detrás de la creación de la ama de casa de la clase obrera y la extensión de esta clase social del tipo de hogar y familia antes reservado a la clase media se hallaba la necesidad de un nuevo tipo de obrero, más saludable, más robusto, más productivo y, sobre todo, más disciplinado y domesticado”.

(Federici, 2018:91)

La división de la clase trabajadora, hombres a la fábrica y mujeres al hogar, no fue la única problemática conocida, sino también entre las mismas mujeres divididas en clase, aquellas que trabajaban en el hogar y aquellas que se rehusaban a los quehaceres domésticos, las mujeres buenas y las mujeres malas, o sea, las mujeres del hogar y las que iban a trabajar aunque no se les requería[ii] y las prostitutas, fue aquí, donde la relación predominante del hombre blanco y occidental clasificó todas las actividades de las mujeres. La crítica contemporánea anticapitalista que identifica las relaciones de raza, clase y género tan vilipendiadas, siempre tuvieron una base teórica sólida.

Apuntes finales

Federici tiene una sorprendente base histórica del dominio de ser “mujer” bajo el capitalismo, también porta una crítica escindida por el feminismo contra Marx. Es muy interesante ver como retoca todo aquello de lo que Marx careció, en concreto, todo lo relacionado a profundidad sobre raza y género, más específico, el trabajo desvalorizado donde el capitalismo recibe mayor plusvalor, trabajo esclavo, doméstico y reproductivo, realizado más que nada por mujeres, negros y mujeres negras.

La cuestión más importante sería reconocer hasta dónde puede llegar la justificación de la “dignificación” del trabajo doméstico mediante la exigencia del salario, que, aunque no pretenden introducirse al sistema salarial, desconoce que estas actividades “están escindidas por el valor mismo y que necesitan a su Otro para poder existir” (Scholz, 2020), a lo que se refiere Roswitha dentro de la teoría de la escisión del valor es que tanto el trabajo en la fábrica como en el hogar se desprenden y necesitan de una misma relación, el valor[iii], categoría esencial capitalista.

Direccionarse a una práctica de los comunes[iv], o sea, a todas esas acciones comunistas solidarias que intentan desestabilizar la sociedad del mercado es una de las propuestas de Federici referente a la teoría Marxiana, pero sin desprenderse de otras prácticas, como anarquistas y feministas, donde se rompe con ideologismos absurdos y separatistas, esto, sin duda es, desquebrajar con los modelos clásicos revolucionarios del pasado.

Silvia también pone los pies sobre la tierra, menciona que “no hay ningún medio de producción desarrollado por el capitalismo del que podamos apropiarnos sin problemas para emplearlo con un fin diferente” (Federici, 2018:123). Su referencia es, sobre todo, a la toma del Estado, la industria, la ciencia y la tecnología capitalistas, ya que estas, de origen, tienden a la explotación. Como corolario, la autora del “patriarcado del salario” rompe, con todo el modelo socialdemócrata del marxismo y se avienta a un torrente crítico de mayor complejidad.

El capitalismo no es principalmente creador de capacidades humanas de cooperación, más bien es, un modelo de relaciones desiguales y jerárquicos dentro de la sociedad, nocivos para unxs, benéficos para otrxs, a final de cuentas, la racionalización de la sociedad capitalista nunca buscará la acción solidaria sin grupos marginales, con toda su ciencia y su tecnología la contradicción principal siempre ha sido sus niveles de explotación.

BIBLIOGRAFÍAS

Federici, Silvia (2018). El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo. Madrid: Traficantes de sueños.

Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: traficantes de sueños.

Marx, Karl (2008). El capital. Crítica de la economía política. México: siglo XXI.

Seccombe, W (1995). Weathering the storm. Working-Class Families from the industrial revolution to the fertility decline. New York: Verso press. Scholz, Roswitha (2020). Capital y patriarcado. Chile: ediciones mimesis.


[i] “Weathering the storm. Working-Class Families from the industrial revolution to the fertility decline” W. Secombe, 1995.

[ii] Hewitt documenta que en Gran Bretaña un gran número de mujeres detestaban el trabajo en solitario, o sea, el trabajo doméstico y asistían a la fábrica (Hewitt, 1958:191).

[iii] Roswitha Scholz proviene del grupo Krisis, por ello, será importantse profundizar en la crítica del marxismo tradicional donde se cuestionan las categorías esenciales como el valor, el trabajo, la mercancía, el Estado, la masculinidad y a feminidad. El grupo, donde Roswitha hizo una ruptura con sus tesis sobre la escisión del valor, es más que nada conocida como la Wertcritik (crítica del valor).

[iv] En “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpos y acumulación originaria” se puede identificar el proceso histórico en el cual el capitalismo destruyo grupos de comunes, quienes hacían uso colectivo de la tierra y trabajo comunal (Federici:2015).

¿Por qué se rechaza a los Distritos Urbanos?: Comentarios y experiencias tras el cierre de la “Consulta Pública” – Arnoldo Diaz

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Bombas anarquistas en Granada – Francisco José Fernández Andújar

Los informes técnicos de la Fábrica de Pólvora y Explosivos de El Fargue sobre los explosivos colocados en la conflictividad anarquista en Granada

1. Introducción

Este estudio pretende exponer, por medio de informes técnicos de la Fábrica de Pólvora de El Fargue, la composición de una serie de explosivos relacionados con sumarios de distintos procesos judiciales contra anarquistas y sindicalistas de Granada en la década de los años treinta. Dicha inculpación no tiene por qué ser cierta, pues no faltan fuertes sospechas de maniobras de grupos políticos opuestos que, parece ser, intentaban incriminarlos. Lo cierto es que es bastante seguro que algunos explosivos debieron corresponder a los ácratas, y los que no, pueden proceder de activistas católicos, de origen obrero, pero bien relacionados con las élites. Con todo, estos artefactos son de fabricación casera, a veces de manera muy rudimentaria, con extrañas combinaciones de distintos niveles de recursos y conocimientos.

Este trabajo procede de extractos descartados de una tesis doctoral redactada por el mismo autor. Consideramos que la exposición de la composición y modo de fabricación de los explosivos revelan datos interesantes sobre el acceso a determinados productos materiales, especialmente químicos, por parte de sectores de las clases bajas, a menudo muy precarizadas. Si bien la decisión de elaborar y colocar explosivos no era propio de la vida cotidiana de las clases sociales más humildes, sí muestra a qué materiales tenían acceso, cómo lo obtenían, los conocimientos que podían obtener y lo que pretendían en la colocación de estos artefactos, muy distintas de lo que podemos imaginar actualmente.

Al igual que la mencionada tesis doctoral, se expondrá principalmente documentación primaria, ya que la bibliografía es parca en los detalles del objeto del estudio, pues se centran en los factores políticos y la cuestión de la violencia, y nosotros pretendemos centrarnos en la materialidad. Por ello es prácticamente innecesaria, salvo si queremos citar la bibliografía sobre el movimiento obrero granadino y algunos trabajos que han tratado el anarquismo local y general. Que no abunda mucho, cuando se trata del movimiento libertario granadino.

2. Contexto histórico del anarquismo granadino

En Granada capital y varias de las localidades de la provincia existió un potente movimiento libertario que tuvo su principal desarrollo en la década de 1930.

Al igual que en otras partes de España, el anarquismo llegó ligado al asociacionismo obrero que fomentó la Primera Internacional, que consigue crear una Federación Local en Granada, y poco después, en varios pueblos como Loja, Alhama de Granada, Molvízar, etc. La actividad en estos primeros años fue de menos a más, creando efímeramente un periódico titulado El Obrero de Granada, y por 1880 ya protagoniza claramente el movimiento obrero. Entre las dos tendencias que existieron en la Internacional, los granadinos, al igual que la mayor parte de los españoles, se posicionaron a favor de las posturas antiautoritarias y sindicalistas de Bakunin, frente a las autoritarias y politizantes de Marx.

Aún con la disolución de la Internacional, estuvieron actuando los anarquistas granadinos a nivel local, hasta su paulatina represión y desarticulación, disgregándose en grupos ácratas, dedicados a la propaganda antipolítica y a la participación en la prensa libertaria.

En 1910 nace la CNT, con la presencia de algunos pueblos granadinos como Loja o Pinos Puente, que confiaron en delegados catalanes para representarlos, pero realmente estos sindicatos no mantienen una relación orgánica constante y estable. Por 1918 hay una importante gira confederal que llega hasta Andalucía, y entonces aparece la CNT en Granada capital, capitaneada por la Casa del Pueblo, el Sindicato de la Construcción y algunas asociaciones de ciertos pueblos como Maracena u Órgiva. Desde 1918 hasta 1921 se despliega una fuerte actividad sindical.

En la Dictadura de Primo de Rivera, la CNT será ilegalizada por no reconocer el régimen y no querer ceder los datos personales de su afiliación en una época dominada por elementos parapoliciales como el Somatén, el pistolerismo blanco y la Ley de Fugas. Asimismo, los decretos del gobierno prohibían expresamente las prácticas habituales de la Confederación. En cambio, los libertarios aprovechan esta época para desarrollar una notable actividad cultural, publicando numerosas revistas donde los granadinos no estarán al margen. En 1927 nace formalmente la FAI, en gran parte debido a la propia lógica de la clandestinidad. Por 1930, las medidas represivas se suavizan y vemos que se vuelven a permitir la actividad pública de los sindicatos, que se encuentran libres de las exigencias del régimen, ya en decadencia. Se convocarán unas elecciones municipales, que darán una clara victoria de las formaciones republicanas y antimonárquicas en las grandes ciudades, lo cual sorprende a los sectores conservadores. El rey Alfonso XIII entiende la situación y abdica, huyendo del país. El 14 de Abril de 1931 se proclama la II República, pero en Granada la CNT ya estaba funcionando, y con varios conflictos laborales.

Los años de la década de 1930 son los más importantes del anarquismo granadino, alcanzando sus organizaciones una gran popularidad y fuerza. Si bien su predominio ya era claro desde 1918 en Granada capital y algún pueblo, ahora su influencia alcanzaba a casi la totalidad de la clase obrera y adquiere hasta una idealización por parte de la población que la sitúa en una posición casi de leyenda. Por su parte, los socialistas sí predominaron entre elementos liberales y, no poca cosa, en la gran mayoría de la zona rural de la provincia granadina. Tal cosa fue posible porque el caciquismo perseguía con saña a los libertarios, pero no podían oponerse a las elecciones municipales, en las que participaban el elemento socialista, que procuraba hacerse hegemónico. La tolerancia de la Dictadura de Primo de Rivera favoreció que los sindicatos locales más o menos neutros se federasen por medio de la UGT.

Debemos saber que el mito de los anarquistas campesinos “primitivos”, que señalaban algunos historiadores marxistas con pocos conocimientos de fuentes primarias, nunca fue cierto. Si bien en Andalucía y en otras regiones la CNT contaba con muchísimos campesinos, y en algunas ocasiones estos predominaban entre las organizaciones libertarias, lo verdadero es que el anarquismo español fue principalmente un fenómeno urbano, y hasta industrial. En Granada, la CNT dominaba en la capital y algunos núcleos urbanos de la provincia como Pinos Puente o Motril, si bien es cierto que también estaba presente en varios pueblos rurales como Maracena, Pinos Genil, Lanjarón y ciertas zonas de la Alpujarra. Pero el socialismo dominaba claramente las áreas rurales de toda la provincia, si bien no debemos olvidar que también estaba presente en Granada capital en sectores como los funcionarios, el comercio y algunas profesiones liberales. No faltaban tampoco en la construcción, si bien eran claramente minoritarios.

La CNT en Granada también tenía sindicatos importantes. El más conocido, que aglutinaba un gran número de trabajadores profesionales pero también sectores extremadamente precarizados, fue el Sindicato de la Construcción, que funcionaba como ariete insurreccional, preparador y ejecutor de grandes huelgas generales, también como una gran colectividad que podía trabajar en cadena para quienes les pagasen, y organizador de elaboradas bolsas de trabajo para dar trabajo a los parados. Pero hubo otros, como el del Metal (habían algunas fundiciones y fábricas importantes por entonces, tal como la Roca), el Textil (con sus numerosas trabajadoras concentradas principalmente en el Albaicín, que no tardaron en hacer su sindicato textil femenino), el de la Madera, el de la Electricidad, el de la Distribución (con comerciantes y camareros), el de Transporte, el de Artes Blancas, etcétera (amplio). Sus militantes eran a menudo personajes carismáticos y muy populares: el gigante Francisco Maroto del Ojo (ebanista); el disciplinado pero duro anarquista José Zarco (metalúrgico); el inteligente y orador José Alcántara (entre el textil y la construcción; terminará encabezando el sector posibilista); el popular Julián Noguera del Río (también posibilista y del mismo sector, pero muy inmerso en iniciativas vecinales y puramente populares); el manchego Francisco Crespo (distribuidor principal de la prensa libertaria, en especial los de Federico Urales y su gran “imperio” editorial); el principal organizador de las bolsas de trabajo y de los topes, Antonio López Moya (de la construcción, acusado de atracador, del sector duro del anarquismo); el abogado libertario Benito Pabón Suárez de Urbina (el único que conocemos de origen de clase alta y gran formación intelectual, pero de gran humildad, y admirado por todos); el kioskero popular Francisco Burgos; el que se ha conocido en la posterioridad como “banderillero anarquista” Francisco Galadí (si bien era hojalatero, profesión dedicada a fabricar piezas de fontanería, y en su caso lo hacía principalmente para el Sindicato de la Construcción); el malagueño Antonio Morales Guzmán (zapatero en su época de Granada, también acusado de atracador y del sector duro, gran autor y organizador); el albaicinero Amadeo Pérez Molinero (que tuvo una tienda de comestibles al lado de su casa, luego barbería, y terminará como kioskero asalariado); y ciertamente muchos, muchos más. Sabemos que existían muchas mujeres, pero conocemos pocos nombres importantes: Concha Illescas y Concepción Robles son algunos ejemplos. Desgraciadamente, no tenían protagonismo, si bien las noticias periodísticas de la época suele hacer referencia a la gran presencia femenina a los mítines y actos convocados por sus compañeros, y es obvio que participaban y apoyaban en la lucha sindical y clandestina.

La CNT en Granada protagonizó desde 1931 a 1933 al menos (hemos contado) once huelgas generales e incontables conflictos en diversos sectores laborales. Destacaron las de la construcción, fundición Roca-Castaño, aserradores mecánicos, bares, panaderos, fábrica Garrido, mujeres albaicineras del textil, chóferes, limpiadores, mineros de oro… En 1931 vieron morir asesinado por la policía al joven libertario Miguel Illescas. En Granada se encabeza, junto a Madrid, la formación de la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias. Existen varios grupos de la FAI, que suponemos un origen temprano. Hacen un macro debate público con los comunistas que tienen que venir de otras ciudades, acto con mucha repercusión mediática. Consiguen las 6 horas para repartir los turnos de trabajo en algunos sectores como la construcción. Intentan hacer pan colectivizado, lo cual logran hasta que se producen algunas divisiones internas. También la Madera hace sus propia colectividad, aunque no nos consta mucha información. La actividad huelguística y cultural es extraordinaria, y existen algunos estallidos de petardos y bombas. En Agosto de 1932 celebran un Pleno donde rechazan el posibilismo y el Manifiesto de los Treinta, produciéndose fuertes críticas hacia la actitud de José Alcántara. Viven un macro juicio político en la Audiencia de Plaza Nueva por acusaciones de hacer estallar bombas. Pocos días después se da un golpe militar en España encabezado por el general José Sanjurjo, que en Granada tiene repercusión, pero la CNT lo frena en seco con grandes movilizaciones, que terminarán con el incendio del Casino Cultural y otros centros de la derecha granadina, no pocos de ellos de carácter religioso. En dichas movilizaciones son asesinados por los sansurjistas Donato Gómez y Mariano Cañete, padre del joven que será también famoso, Antonio Cañete. Tras el fracaso del golpe militar, la Confederación granadina se cubre de gloria y reconocimiento, para poco después sufrir más cárcel y represión. En 1933 se recrudecerán las actividades, ya con una República en franca hostilidad. Se da una campaña anticlerical con derribos de cruces y otros símbolos, y algún que otro incendio, por Diciembre de 1933. Las izquierdas, en crisis interna y acusados de represión, pierden las elecciones. En 1934 se clausuran todos los sindicatos de la CNT y son detenidos por orden gubernamental o bajo acusación de ser infractores de la nueva Ley de Vagos y Maleantes (aunque casi todos ellos trabajaban, y no poco participaban en los trabajos al tope), dándose algún caso de fuga espectacular. En verano, la UGT convoca una huelga campesina, pero su gran organización sindical agraria, que aseguraba tener más de 100.000 afiliados, no se suma, y fracasa la huelga, dejando a la CNT de Maracena como uno de los poquísimos sindicatos que sí hacen una dura labor piquetera en el conflicto. En Octubre de 1934, la huelga revolucionaria de la UGT no tiene repercusión alguna en Granada. Junto a 1935, son años principalmente de criminalización y represión al anarquismo. En 1936 se convocan elecciones, y las derechas intentan ganarse el voto dando un respiro, levantando la clausura de los sindicatos, pero la gran cantidad de presos que aún permanecen en la cárcel no se olvida. En esta ocasión los anarquistas granadinos hacen una tímida campaña por la abstención, que no evita que muchos de sus militantes recurran a la urna, e incluso Benito Pabón, que se mostró partidario de la disciplina confederal en 1932, abstencionista por descontado, este año, ya fuera de Granada, se presenta como candidato en Zaragoza. En las elecciones hay una primera victoria derechista, pero debido a un fraude por sustituciones que quitan 6.000 votos a las izquierdas, ganando las derechas por 1.000, se decide repetir las elecciones en Mayo. En esta ocasión las derechas no se presentan, ganando todos los escaños, así, las izquierdas. Durante la campaña de denuncia del pucherazo de Febrero, los derechistas tirotean un mitin izquierdista en el Campillo, hiriendo a trece personas, entre ellos niños y embarazadas. Entonces, las asociaciones libertarias ya estaban funcionando desde comienzos de ese año y lo cierto es que desde Marzo habían desplegado una impresionante fuerza, mayor aún que lo conseguido anteriormente, obteniendo mejoras nunca logradas así como la reivindicada, y lograda alguna vezm: las seis horas en varios sectores para mitigar el paro. Los derechistas estaban aterrorizados por el gran crecimiento general de las izquierdas, y un nuevo golpe militar se avecinaba.

De todo lo relatado, el lector puede encontrar referencias en Calero Amor (1973), Alarcón Caballero (1990) y Amorós (2011), si bien numerosos detalles proceden de fuentes primarias expuestas en la tesis doctoral mencionada.

3. Campañas de explosiones

Durante varios meses entre 1931 a 1936, se dieron jornadas de varias semanas, e incluso meses, de colocación de “petardos”, “explosivos” o “bombas”. Debemos mencionar que, públicamente, los anarquistas negaban ser los autores, pero bien puede interpretarse como una obvia estrategia frente a procedimientos judiciales (a veces, militares). Con todo, debemos mencionar que conocemos casos, al parecer muy comprobados, de provocadores derechistas. En un conocido caso sufrieron el estallido del explosivo durante la manipulación, falleciendo al poco tiempo, y que posteriormente se señaló la posesión de símbolos religiosos y derechistas de los propios cadáveres. Para Alarcón Caballero (1990: 287), los libertarios solo buscaban disimular su autoría acusando a los fallecidos de ser opositores políticos a su movimiento. Pero lo cierto es que el estallido coincidió con una campaña de bombas y la consiguiente criminalización por parte de las autoridades. Parece ser, también, que antes de fallecer, los propios fallecidos tuvieron un interés especial en culpar a los anarquistas, asegurando que los forzaron o engañaron para que ellos colocasen las bombas. Era habitual en esta época culpabilizar a quien no tenía rostro, y en cambio defender a la cara humana. En otros casos sabemos que las víctimas, normalmente patronos, solían declarar en los juicios que les extrañaba que fueran atacados por los anarquistas, precisamente en los momentos donde se estaba produciendo grandes acercamientos en la solución de una huelga planteada.

Por otro lado, es necesario saber que las huelgas, especialmente las generales, nunca se limitaban a una simple caída de brazos: los días de paro se acompañaban con piquetes informativos en grandes grupos (que oscilaban entre cincuenta a doscientos), mítines, manifestaciones, y, muy a menudo, causar “ambiente”, que se caracterizaba por provocar “alarma”, que obligase a las autoridades a tomarse en serio el conflicto y no dejar que el paro quede como un festivo cualquiera. Esto conllevaba al uso, siempre supuesto, de “petardos”, que realmente eran eso, artefactos que provocaban sonidos muy fuertes, causando alarma, pero normalmente era de muy escasa peligrosidad, y con colocaciones que denotaban que procuraban causar más bien daños materiales y sabotajes, que auténticas amenazas personales. Con todo, el uso de explosivos fue más bien raro, siendo más habitual los tiroteos a los tranvías (normalmente militarizados, en algunas ocasiones con esquiroles del sindicato socialista rival). Siempre se realizaban con la intención de no dañar a nadie del interior. En algunas ocasiones, se provocó algún fuego, desalojando previamente a los usuarios y trabajadores.

Esto nos lleva a pensar que, aún siendo prudentes, es muy probable que un buen número de explosivos colocados, y luego analizados por la Fábrica de Pólvora de El Fargue (pedanía dentro del municipio de Granada capital, también conocida como Fábrica de Armas, pues no solo producían pólvora), fueran realmente preparados por los anarquistas. En los sumarios de los juzgados de instrucción podemos encontrar muchos informes de la Fábrica de Pólvora, que nos indica los medios de los que disponían y la formación que habían adquirido para su fabricación, lo cual indirectamente nos señala también algunas pistas de la vida cotidiana de estos libertarios (o de los provocadores que intentaban criminalizarlos, pero que procuraban hacer creíble las supuestas pruebas, y por tanto intentaban imitar sus supuestos métodos). Nos ha parecido interesante relatar los distintos informes presentados por la Fábrica de Pólvora en sumarios que hemos investigado, y que se refieren a juicios contra anarquistas granadinos.

En Granada existían tres distritos judiciales con sus correspondientes juzgados: el de Sagrario, el del Salvador, y el de Campillo. Éste último solía ser el más activo. Casi todos los sumarios se encuentran en el Archivo de la Real Chancillería de Granada. Aparte, están los juicios militares, que eran numerosos en la época, y que por no haberse accedido aún por parte de este autor, no reseñaremos, ni sabemos si existen realmente informes semejantes a los localizados en la Chancillería. Aclarado esto, pasamos a relatar los informes siguientes.

4. Análisis del laboratorio de la Fábrica de Pólvora de El Fargue

Los informes de la Fábrica de Pólvora de Armas y Explosivos de El Fargue comienzan con una descripción del material presentado, para pasar rápidamente a su descripción material, primero superficial, luego internamente. Seguidamente describe y analiza su composición química. Y finalmente explican los efectos del explosivo, en caso de haber estallado.

El 9 de Enero de 1933 estalló un petardo bastante inofensivo en la puerta de la Iglesia de San Matías. Por esas fechas se estaba produciendo una descoordinada insurrección anarquista por toda España, cuyo episodio más conocido son los acontecimientos ocurridos en Casas Viejas. Al día siguiente se colocó otro petardo en una ventana de una casa, que estalló causando desperfectos importantes. Asimismo se puso otra en la puerta de la misma casa, que el hijo del propietario descubrió arrojándose para apagar la mecha. Este último artefacto es el que se envió al laboratorio de la Fábrica de Pólvora.

En su informe señala que tiene tres partes: el depósito contenedor de la carga, la carga explosiva, y la carga de metralla por medio de hierros diversos. El depósito es un cuerpo cilíndrico de paredes gruesas, de 10 cm, y con 8 cm de diámetro. Pesa unos 250 gramos. En la parte inferior está la carga de hierro, y en la superior la carga explosiva, en forma de pasta, con un hilo bramante cuya finalidad se ignora. La pasta humedecida es de 146 gramos y se compone, en porcentaje sobre cien por ciento, de 36,87 por ciento de nitroglicerina; 25,70 de nitrocelulosa; 23,73 de nitrato amónico; 13,70 de harina de trigo. Cuenta con una gran humedad producida seguramente por el nitrato amónico. Ello impidió que estallase.  La metralla de hierro parece provenir de talleres metalúrgicos. De haber estado seco, la explosión hubiera causado daños muy importantes a diez metros a la redonda. La composición del explosivo delata un buen conocimiento, que solo falló en la falta de precaución con el nitrato amónico. Toda esta información está en el Sumario 18 de 1933.

En el sumario 116 de 1933 se habla de un explosivo encontrado en Iznalloz, colocado debajo del motor de un camión utilizado para el esquirolaje durante un conflicto laboral agrario (en la finca del Frague, por entonces retirándose orujo), que fomentaba la sociedad obrera local, que contaba con componentes anarquistas, si bien no era formalmente de la CNT. El boicot, que se acompañaba con la huelga, se debía a la acusación de existir una lista negra contra los trabajadores de dicha sociedad obrera. El explosivo no llegó a explosionar, porque el patrón, fue a orinar por la noche fuera de su casa y casualmente encontró el explosivo debajo del vehículo, con la mecha encendida, percatándose y apagándolo.

En el informe de la Fábrica de Pólvora se relata que el artefacto tiene forma cilindrica, de 25 cm de longitud y cinco de diámetro, siendo de hierro; a mitad tiene una mecha impregnada con materia explosiva, “análoga a la de la carga interior del artefacto”. El peso total es de 1.791 gramos, siendo el del cuerpo exterior de 860 gramos. La carga interior se compone de material explosivo y metralla (de tuercas y trozos de hierro), de 441 y 490 gramos respectivamente. En porcentaje sobre un cien por cien tenía 67,57 de nitrato potásico; 18,81 de carbón; 9,30 de azufre; y 3,32 de nitroglicerina. En suma era una mezcla de barrenos y dinamita, muy utilizadas entonces en obras de construcción y en la minaría. Ello conllevaría que el proceso judicial se trasladase a Ízbor, donde se estaba construyendo una presa y se conocía la presencia de numerosos anarcosindicalistas, constatándose la desaparición de material explosivo que se utilizaba para la construcción.

Por lo visto, se usaba solo la mitad de la carga, robando la otra mitad, favorecido, al parecer, por la negligencia de la vigilancia (se conocía este método de robo, existiendo protocolos para evitarlo). El explosivo era peligroso para personas y objetos desde varios metros, especialmente por la metralla. En otras diligencias se investiga la visita de miembros de las Juventudes Libertarias de Granada al pueblo para hablar en el sindicato local, constatándose la presencia de Manuel Vargas Montijano, señalado por la policía como un buen conocedor de la fabricación de explosivos. Sin embargo, no vino solo, y estuvo con otros militantes libertarios de la capital y de Iznalloz. Asimismo, estalló otra bomba en la puerta de la casa de uno de los obreros que no estaba siguiendo la huelga, cuyos restos no fueron analizados. En los registros domiciliarios de los anarquistas locales más señalados no se encontró ni explosivos ni material para su fabricación. Sí, en cambio, libros y folletos libertarios y marxistas, algunos de ellos reveladores, como “La Fabricación de Armas de Guerra”. No sabemos determinar si las bombas fueron colocadas por anarquistas, que ciertamente estaban en conflicto laboral en estos momentos, o bien por los propios propietarios para criminalizarlos; pero sí es bastante seguro que el robo de pólvora en Ízbor fue real y de autoría ácrata, lo que hace suponer que la tesis más probable en Iznalloz es que los anarquistas de Granada capital colocasen los explosivos atendiendo una segura solicitud de ayuda de sus compañeros acatuccitanos.

El Cerro del Oro es una zona existente en otra pedanía de Granada conocida como Lancha de Cenes, que cuenta, como El Fargue, con una población propia, pero en el caso de Lancha, está muchísimo más cerca del centro urbano de otro municipio, Cenes de la Vega, que de la capital granadina. El Cerro del Oro es lugar muy conocido por ser una antigua mina de oro desde época romana, que tuvo su momento de esplendor. En 1936 seguía funcionando, aunque con resultados muy pobres. Sabemos que sus trabajadores eran de la CNT, ya que en ese mismo año se abrió una denuncia pública contra las terribles condiciones laborales de los mineros, que trabajaban prácticamente desnudos, para asegurarse que no se robase ni una pepita. Por entonces, la CNT había abierto un conflicto laboral con reivindicaciones.

En un canal de dicho lugar, a unos setecientos metros del depósito de agua, se encontró abundante material peligroso, lo que abrió el sumario 224 del año 1936, por primavera. El contenido se presentó en una caja de madera y tenía dos frascos de ácido sulfúrico, varios cartuchos de dinamita, un paquete de tres kilos de antimonio en aguja, dos frascos y dos paquetes de ácido piconítrico, un cargador de pistola “Plus Ultra” de 22 tiros, otro cargador de pistola automática, una cantidad incalculable de clorato potásico, un proyectil vacío de artillería, 17 tubos cilíndricos, y dos platillos para peso.

La Fábrica de Armas informa haber recibido el material en cuatro envases, uno de ellos de kilo y medio de azufre, 960 gramos de ácido pítrico, cuatro kilos y doscientos gramos de sulfuro de antimonio, y dos kilos de ácido sulfúrico. Estaba acompañado por una mezcla de azufre, ácido pítrico y broza de más de cinco kilos, sin duda por haberse caído al suelo. Todas estas sustancias se emplean para la fabricación de material explosivo, si bien la única que por sí sola es peligrosa como explosivo es el ácido pítrico, pero solo si se monta el correspondiente con su cebo, mecha y bomba para contenerlo. Sus efectos explosivos pueden ser considerables. Durante las diligencias no se pudo comprobar quienes eran los responsables de esconder dicho material y no se pudo incriminar a nadie. Debemos indicar que en Lancha de Cenes no solo habían anarcosindicalistas, siendo, de hecho, un notorio militante durante la Guerra Civil un socialista local, y en Cenes sin duda existía un sindicato de la UGT, al parecer fuerte, si bien también había otro de la CNT, también importante. Pero es casi seguro que siendo el Cerro del Oro, donde por estas fechas la CNT estaba en pie de guerra, es fácil imaginar que es bastante probable la relación de sus mineros con el material localizado.

En Febrero de 1935, se encontraron explosivos dentro del antiguo Teatro Cervantes, por entonces recientemente cerrado y que también fue antiguo local de la Sociedad Hijos de Comerciantes e Industriales. Parece ser que algunos empleados eran libertarios, trabajando de camareros para la Sociedad. Enterada la policía de estos detalles, sospechan que este teatro abandonado es un buen lugar para esconder material comprometedor. Realizan un registro y tienen éxito en esta ocasión. Si bien es cierto que puede ser material colocado por la propia policía para incriminar a los anarquistas que trabajaron en el teatro.

El informe del laboratorio de la Fábrica de Pólvora menciona haber recibido cuatro envases de hojalata, las mismas usadas para conservas, provistos de mecha lenta, y 280 gramos de peso promedio, de los cuales 220 son de la mezcla explosiva. La cual, en tanto por ciento, son de un 22,5 de carbón; 11,5 de azufre; y 66 de clorato potásico. A este material se acompaña tres cartuchos de papel que contiene, respectivamente, 2.100 gramos de clorato potásico, 300 gramos de sulfato sódico anhidro, y 600 gramos de azufre. La Fábrica de Pólvora determina que esas hojalatas con contenido explosivo no son nada peligrosas y solo pretenden buscar alarma con el ruido que podían producir. De los otros materiales se desprende que se fabricarían más como los artefactos de las hojalatas, salvo el sulfato sódico, que no tiene aplicación alguna en ellos.

Hay que mencionar que en este sumario, el 45 de 1935, además del material explosivo reseñado, también encontraron dos folletos de las Juventudes Libertarias, dos fundas de pistolas, botellas de ácido sulfúrico y de ácido nítrico puro, azufre en polvo, nitrato de potasa, y utensilios para su fabricación. Mencionar también que el principal sospechoso denuncia que su declaración no es válida porque recibió muchos malos tratos para que firmara lo que la policía quería que firmase. Debemos mencionar que creemos que, en este caso, se trata de un montaje policial, ya que no resulta muy creíble cómo localizaron el material, escondido dentro de un gran edificio abandonado, y todo gracias por identificar a un joven libertario de los muchos que tenían sobre la pista o detenidos. De las detenciones de estos meses constan principalmente por reuniones clandestinas, ya que, en este año todos, los sindicatos de la CNT y ateneos estaban clausurados o ilegalizados, requiriendo, sin embargo, penas más graves para intentar aplastarlos políticamente.

Finalmente, un caso que apenas hemos contabilizado para este estudio, por no tener un informe sobre sus componentes, por señalarse, en el juicio, de su procedencia. Se trata de la bomba colocada en el portal de la casa de uno de los propietarios de fundición Roca y Castaño, el cual es producto directo, pero de un modelo antiguo, de la Fábrica de Armas de El Fargue. Sí es distinto el cebo, que no corresponde, y junto al modo de cómo fue armado, se evidencia que el artefacto fue colocado por alguien inexperto en el uso de explosivos. En este proceso, las propias víctimas se extrañan de la supuesta autoría de los huelguistas, porque estaban en vías de solución. El informe tampoco da más datos, limitándose a señalar que, como el resto de explosivos de esta Fábrica, es un petardo del número 4 de trilita de 500 gramos de peso, barnizado con goma laca disuelta en alcohol, lo cual lo distingue de los nuevos explosivos de la Fábrica, que se recubren con un baño de parafina.

5. Recapitulando

Existen otros sumarios por procesos de colocación de bombas, pero, o son externos a la información que tenemos de las actividades libertarias, o no cuentan con informes del laboratorio de la Fábrica de Pólvora. En general, debemos mencionar que de las notas de prensa aparecidas durante las huelgas, se hace referencia a explosivos de pequeña intensidad que generan más ruido que daños reales, si bien los anarquistas siempre negaron públicamente ser los autores. Empero, en sus memorias, Vicente Castillo celebra con cierta frecuencia asaltos e incendios que provocan las masas (con protagonismo libertario en muchas ocasiones) en momentos graves, pero nunca se refiere a colocaciones de explosivos (Castillo, 1979a: 99-100; Castillo, 1979b: 24). Lo cual tampoco determina o prueba nada, ya que parece que esta actividad, que debió ser real en parte, provenía de unos determinados grupos especializados en ello. Los principales señalados por la policía fueron casi siempre Manuel Vargas Montijano y los hermanos Rosillo Vázquez (especialmente Manuel), si bien estos últimos estaban especialmente perseguidos por unos agentes que no ocultaban su antipatía política y personal hacia él y los libertarios en general.

Nos resulta interesante notar que muchas piezas parecen provenir de lugares de trabajo, obtenidas ilegalmente. Comprobamos un conocimiento algo rudimentario pero, por regla general, efectivo en sus propósitos. Debemos decir que, salvo el accidente de los dos obreros católicos, nunca hubo víctimas mortales en dichas actividades. Ni parece que se pretendiera.

De los cuatro procesos que hemos mencionado, dos son de 1933, uno de 1935, y otro de 1936. De los componentes, ninguno se repite más de dos ocasiones, por lo que la diversidad es algo amplia, si partimos de estos casos conocidos. Sí debemos mencionar que el uso de metralla se da en todos los casos.

Un caso que no hemos relatado es quizás el de la explosión más importante, donde la autoría anarquista es casi segura. Se trata de la explosión en la fábrica de electricidad de Pinos Genil que funcionaba por un sistema hidráulico. El destrozo fue extremadamente importante, causando daños incalculables. En dicho pueblo existía una potente CNT, y en este caso hubo condenados con penas graves. Creemos que es bastante seguro que la acusación, en esta ocasión, fuera cierta. Por otra parte, entre Febrero y Abril de 1932 hubo en Granada capital una especie de campaña de proliferación de bombas, durante la huelga que realizaron para la libertad de su abogado, pero terminada ésta, las explosiones siguieron en Abril. Parece ser que en general se trataron de montajes o incriminaciones de opositores políticos. En Agosto del mismo año se celebró un macrojuicio por estas acusaciones, saliendo todos los acusados absueltos. De esto ha sobrevivido cierta memoria colectiva entre personas mayores de la ciudad, que aseguran que la mayoría de los petardos fueron colocados por derechistas para criminalizar la huelga de la CNT. Desde luego, el juicio fue bastante favorable para los anarquistas granadinos, que vieron crónicas periodísticas de toda la prensa granadina, de buena parte de Andalucía e incluso desde Madrid, con las jugosas crónicas que escribió en La Tierra Eduardo de Guzmán desde el 4 al 6 de Agosto de 1932, que recogía la versión de los libertarios granadinos.

Podemos percibir que los principales materiales utilizados son la nitroglicerina, otros compuestos derivados del nitrato, el ácido sulfúrico, el azufre, piezas de hierro como metralla, y en menor medida el carbón. A menudo eran reutilizaciones de dinamita descompuestas. Entre los folletos y libros encontrados en Iznalloz sí aparece un manual de fabricación de armas, que delata una pequeña auto formación en estas cuestiones, si bien desconocemos si dicho manual llegaba a explicar la fabricación de bombas o granadas. Asimismo, conocemos otros casos, como el juicio contra Antonio Almirante, molinero dirigente de la CNT de Baza, que sí tenía un manual específico sobre petardos. En un registro se le encontró un folleto titulado “Pólvoras y explosivos”, junto a un papel con distintas fórmulas químicas para causar explosiones. 

Debemos mencionar que de todos los explosivos, se diferencia mucho, por su patrón de fabricación, la bomba hallada en la casa del 10 de Enero de 1933, cuyo peligro parece que era alto, y su composición distinta, que delataba además un buen conocimiento sobre bombas. Se puede pensar que no fue colocada por los anarquistas, pero también es factible considerar que entre los libertarios existían varios “expertos” con estilos diferentes. O bien uno mismo que se aventuraba con nuevas fórmulas, atendiendo a los recursos disponibles.

Los materiales se extraían de centros de trabajo. Hemos mencionado el robo de dinamita en las obras de la presa de Ízbor, así como la utilización de hierros procedentes de la fundición de Roca y Castaño. Pero sabemos que en la propia Fábrica de Pólvora trabajaban varios anarcosindicalistas (conocemos a algunos, como José Beltrán, Manuel Muñoz, Juan Fernández Adarve, Manuel Martín, Antonio Carrasco…). Finalmente, debemos recordar otros oficios, como el de yesero, que en muchos casos consistía en un solo trabajador que realizaba las tareas de aplicar el yeso, pero también obtenerlo del propio medio natural, utilizando pequeñas cantidades de pólvora.

Finalmente, debemos mencionar que la colocación de bombas fue, en cualquier caso, un método muy poco recurrido por los anarquistas en Granada, aunque se exagerase por la prensa y las autoridades, con propósitos presumibles. Más comunes fueron los incendios y tiroteos para causar alarmas. En cualquier caso, los datos que ofrecen la documentación aportan más información sobre una parte, aunque sea “microhistórica”, de los ácratas granadinos, en el caso de que sea cierto que fueron realmente los autores. Desde luego, no cabe duda que se trataban de fabricaciones realizadas bajo pocos recursos y de manera autodidacta y no profesional. 

Bibliografía:

Alarcón Caballero, José Antonio (1990): El movimiento obrero en Granada en la II República (1931-1936), Granada, Diputación Provincial de Granada.

Amorós, Miquel (2011): Maroto, el héroe: Una biografía del anarquismo andaluz, Barcelona, Virus.

Calero Amor, Antonio María (1973): Historia del movimiento obrero en Granada (1909-1923), Madrid, Tecnos.

Castillo, Vicente (1979a): Recuerdos y vivencias, tomo primero, Barcelona, edición del autor.

Castillo, Vicente (1979b): Recuerdos y vivencias, segundo, Barcelona, edición del autor.