Marginalias para la abolición de la gravedad o de cómo hacer nuestros los días
Advertencia: el artículo que presentamos incluye cambios y correcciones, la primera versión publicada se encuntra en la revista crítica anticapitalista No. 5 de Comunizar.
Reynaga, Sergio. (2026) Comuna y tmporalidad marginalias para la abolición d ela gravedad o de como hacer nuestros los días. Revista Crítica Anticapitalista No.5. Comunizar.ar
I
Sincronía
Primer movimiento: quebrar los espejos
Una colisión ineludible con la derrota, esto es la esperanza de romper la apariencia que ella misma nos impone: la concentración del cosmos en tanto que reducción de la historia al campo histórico capitalista. Y así, la clausura de cualquier posibilidad de superarlo. Tras el colapso del socialismo real, viene la comprensión de que la lógica de aquel aluvión habitaba en el corazón de la dominación en su forma-valor, y que el fracaso de toda tentativa de disputar la orientación de las estructuras del mundo administrado es el abrevadero de la bestia. Pero aquel gran derrumbe no fue sino el inicio de la brutal crisis terminal del capitalismo que hoy atravesamos.
La derrota no se agota en la densidad temporal de la dominación, aunque la sostiene, este orden supone la concentración de un mundo que orienta y devora todos los procesos sociales. Más aún, se comporta como un corte: la separación entre el tiempo del mundo y el tiempo de la vida. El tiempo del mundo se presume idéntico a las estructuras propias del campo histórico del capitalismo: valor, trabajo, dinero, Estado, mercancía. Las relaciones sociales quedan acotadas a la forma que adquieren en la órbita de dicho orden escindido: raza, clase, género. Estas son idénticas a la brutalización, escisiones efectivas puesto que actúan, se han vuelto relaciones sociales concretas: la síntesis entre subjetividad y dominio. Resolvemos de inmediato, que la cartografía planetaria de la dominación es al mismo tiempo todo lo que podemos ser, la lógica del valor se ha vuelto principio de realidad, toma la apariencia de algo así como la naturaleza, sin embargo, esto es la superficie de la repetición de los límites político-administrativos elevada a normatividad: distintas formas de relacionarnos con el capitalismo y caer en la trampa de la identidad.
Aparentemente, la aceleración del tiempo es el revés del horizonte tecnócrata en el costado temporal de la dominación, perola velocidad es más bien reposo. Este presente puro tiene la pretensión de suprimir la vida, para aproximarse a su objetivo primero tiene que reducirla a un tiempo separado, vuelto unidades idénticas e intercambiables entre sí, esto es el contenido de un tiempo vacío. Un tiempo velociferino: abstracción y cosificación de la corporalidad, el desacoplamiento entre historia y vida cotidiana. Un tiempo que oculta toda la violencia que lo constituye. Nos abrazamos al espejo en el fondo del hocico de la bestia, pues nos regresa un tranquilo informe: la saturación de la vida por sus representaciones. Lo concreto fue producido y al mismo tiempo, es presentado como determinación. Una modulación factográfica de las estructuras históricas en tanto que contenido temporal: esto es un tratamiento específico del tiempo, pero no es el tiempo en cuanto tal. Esta racionalización, quiere adherirse a la realidad ideológicamente, se realiza en la sedimentación de un principio de realidad determinado: la forma-social capitalista. La disolución del sujeto en las estructuras históricas es la esclavitud del presente, o lo que es lo mismo, la reducción del presente a la concatenación transitoria de lo existente, una dimensión en la que solo es posible comprender las contradicciones una vez los acontecimientos adquieren bordes definitivos, una vez se cierran para siempre. Los alardes a propósito del fin de la historia, llevan consigo la objetivación material siempre violenta de un concepto de historia idéntico a la dominación especifica de la forma-valor.
Esta totalidad contradictoria y fragmentaria, es la forma real que adquieren las abstracciones: las funciones efectivas de la forma-valor. Para totalizarse, es necesario reducir la corporalidad de la vida cotidiana a una gelatina de objetivaciones temporales e intercambiables, idénticas unas a otras en la abstracción. Aquí ya no hay historia: solo administración. En este proceso se realiza la sincronización entre vida y mercancía, un tiempo que se desdobla en tanto que sistema de control totalitario sobre la vida. Una estrecha coordinación de todos los aspectos de la sociedad, que no puede ser simplemente descrito en el tiempo idéntico al trabajo. Dicha uniformidad alcanza el grado de naturaleza, pero solamente es la sincronía de vida y capitalismo. En cierto modo, esto es el contenido del desplazamiento lineal y la densidad temporal de un concepto de historia idéntico a los procesos de totalización de las estructuras político-administrativas, pero estas últimas solo son el costado instituyente de las relaciones sociales necesarias para la totalización de la síntesis social. En esta constante incorporación, el dominio de la corporalidad de la vida cotidiana se realiza al mismo tiempo que la dominación del mundo: esto es el lado concreto de la abstracción. La repetición: sincronización con el curso lineal del campo histórico capitalista hasta la mistificación del mundo de las cosas. Otra vez: la cartografía de la dominación se nos presenta como todo lo que podemos ser. Pero la periferia es el núcleo de objetivación del centro. Forma-sujeto funcional e identidad subalterna se resuelven en la síntesis social capitalista porque le son propias.
II
Contrapunto
Segundo movimiento: Abolir la gravedad, hacer nuestros los días
Es el gélido umbral histórico descrito anteriormente, en el que nuestras tentativas de abolir todas las relaciones existentes deben dotarse de fuego. Y decir fuego es pensar la comuna más allá de la forma-sujeto funcional, la identidad subalterna y la forma valor, ya que tales claves constituyen gravitaciones propias de la dominación.
La irrupción espacio-temporal: quiere sustraer el presente del tiempo ordinario, hacer nuestros los días es abolir la gravedad. Dos cuerpos celestes constelan la radicalidad de la meteórica furia que atraviesa el cielo en calma. La lucha kurda y las comunidades Zapatistas. Podría decirse que aquello que perseguimos es algo así: un contrapunto radicalmente opuesto a lo existente. Un salto al vacío. Esto es una prefiguración, la sostenemos de la colisión con las proyecciones fetichistas de la síntesis social. Negar aquello que nos niega. La temporalidad de la revuelta quiere ser la comuna: constelación de toda la experiencia de la negación histórica de la dominación. Anticipaciones de la utopía. Comprender entonces, que la derrota no es la cancelación absoluta de la síntesis entre meteoro y furia, sino el reconocimiento de la potencia que empuja la crítica hasta su realización. Suprimir las contradicciones que producen a la forma sujeto-funcional en tanto que relación y representación de las contradicciones de un tipo específico de sociedad históricamente constituida, en la que encuentra su razón de ser.
La comuna también es el momento para el desacoplamiento de la síntesis entre subjetividad y dominio. Pensar los conceptos como imágenes dialécticas, Revolución y rebelión. A la vez operativos temporales. La revolución, aunque con capacidad crítica del campo histórico capitalista, diluye la furia en su trayectoria histórica tradicional: la integración de la subalternidad, esto es la realización de un momento de apertura y concentración del mundo administrado: alcanzar la condición de sujeto abstracto: la mistificación de los momentos de subsunción y apertura democrática. Pero esta integración es la cosificación embrutecida: se integra la identidad, pero no se persigue la abolición un tipo de relación social brutalizante en la que se produce, sino hipostasiar la identidad en cuanto tal en el derecho. El costado temporal de la dominación lleva consigo la prolongación de tiempo vacío y subalternidad: la brutalización se trasvasa en identidad. Mientras la rebelión no se comprenda como la capacidad de abolir la síntesis entre subjetividad y dominio, nuestra aproximación será débil, incapaz de comprender la furia más allá del culto a sus momentos liricos con independencia de su contenido. Queremos una poesía a la altura de la rebelión. Una teoría a la altura de las barricadas que están por venir.
Pero esta poesía no debe resolverse en el realismo capitalista, su desenlace no está atado al pensamiento positivo. Es la supresión de la dicotomía entre teoría y práctica: en la pretensión de un mundo escindido un tipo de conocimiento dicotómico anuncia la dominación. Desmantelar el pensamiento representacional. La comuna se eleva más allá de los momentos identitarios, esto es suprimir la dominación, quiere ser la afirmación radical de la vida, la colisión en contra de la guerra capitalista. Dotar de cuerpo, sangre y pulso a la vida cotidiana, esto es dotar de corporalidad y contenido a la cópula entre comuna y temporalidad: hacer nuestros los días. Si se acepta el mundo tal y como se nos presenta, la desolación del pensamiento sería a la larga la supresión del mismo.
Abolir la gravedad: un breve momento de plena posesión de toda la potencia de y experiencia de la negación histórica de la dominación, cuestionar la concentración del mundo administrado. La abolición de la dominación es la abolición de la pretendida naturaleza transhistórica de las categorías capitalistas. Más allá de la mistificación de la democracia y la integración de las contradicciones. La comuna será el límite absoluto de la dominación: quiere hacer estallar por los aires el campo histórico capitalista: objetivado en un concepto de historia idéntico a su densidad temporal.
En el campo histórico capitalista, el pasado flota boca abajo: es una alteridad definitiva, en este sentido se oculta la relación social que esto sostiene, y en gran medida su condición de unidad de conocimiento. En la separación entre tiempo histórico y cotidiano, habita la condición positiva que alimenta y potencia la aniquilación: el abrevadero de la bestia. En este orden, se produce la subalternidad como brutalización, la vida reducida a las estructuras históricas de repetición como negación y administración del acontecimiento y la rebelión: la comuna como irrupción espacio-temporal es un contrapunto. Cuestionar el campo histórico del capitalismo no puede limitarse a la elaboración de una prótesis marginal de la historia que devora todas las historias, es decir, no es la integración identitaria de la periferia, en tanto que contra-narrativa posible en el mismo núcleo de objetivación, puesto que de ese modo el corazón de la bestia permanece intacto.
Acotar el tiempo, modularlo, ordenarlo y orientarlo es una de las formas en las que la lógica del valor se realiza, en tanto que principio de realidad. Por esa razón tan simple como brutal, la forma positiva de las escisiones identitarias se nos aparece elevada a inmediatez moral y jurídica, una vez hemos perdido de vista toda la negatividad que las sostiene. Estas relaciones sociales totalizadas en la abstracción, se sostienen de la escisión entre el tiempo del mundo y el tiempo de la vida. La inmediatez es un operativo temporal capitalista, atraviesa y sostiene una síntesis totalitaria: la sincronización entre vida y mercancía. Democracia liberal y fascismo: nacionalismos de izquierda y derecha duermen la misma habitación: la disputa por la gestión domestica del capital.
El tiempo vacío es la síntesis fetichista de las formas en las que se experimenta el acoplamiento entre experiencia y expectativa: la derrota como clausura absoluta y la prolongación de los existente. El embrutecimiento y la orfandad signan la fase terminal del capitalismo. Abolir la gravedad, hacer nuestros los días: la poesía y la imaginación como potencia para la furia como lugar de conocimiento. La lucha kurda y el zapatismo colisionan con los momentos concentración, totalización y síntesis del capitalismo: la comprensión de la derrota como potencia crítica. Grietas en el campo histórico capitalista.
Si la apariencia de síntesis entre subjetividad y dominio, supone la realización de la forma-social capitalista, su desacoplamiento, puede ser comprendido como la realización de la rebelión en la carne: un tiempo en conflicto, el momento negro de la revuelta orienta la afirmación radical de la vida, alcanza a la corporalidad de la vida cotidiana. Sostenida en torno a la relación crítica con la experiencia de la negación histórica del capitalismo a través de diversos órdenes temporales. La afirmación radical de la corporalidad de la vida cotidiana. La supresión de la oposición de teoría y práctica en torno a la relación entre pensamiento y acontecimiento, el conflicto como condición vital para la defensa de la vida y la belleza: desalambrar la vida del dominio de la densidad temporal.
Abolir la gravedad, hacer nuestros los días.

