INTRODUCCIÓN
El presente escrito surge de la necesidad de esclarecer una serie de preguntas y contradicciones que se presentan como primeras reflexiones en el marco de un trabajo de tesis doctoral. Si bien ninguna de las preguntas (que se plasmarán más adelante) logra ser respondida y las contradicciones no son ni de cerca esclarecidas, si se logra crear una relación entre conceptos y categorías muy básicas que permitirán el entendimiento pleno de la tesis una vez se encuentre más desarrollada.
Dicha investigación se enfoca en La Paz, B.C.S. una ciudad atravesada por dinámicas urbanas de gentrificación y turistificación, donde hombres y mujeres que desempeñan trabajos considerados precarios y además ejercen labores de crianza, enfrentan condiciones de vida complejas careciendo de herramientas, espacios y prácticas reflexivas que les permitan transformar su cotidianeidad para el fortalecimiento de su politicidad en relación con sus prácticas de crianza.
Ante tal problemática se pretende utilizar las Prácticas filosóficas, más concretamente la consultoría filosófica, no solo como método de investigación que proporcione información desde otras perspectivas, sino también que en el proceso de la investigación éstas práctica puedan dejar incidencia en la vida de las y los colaboradores, su trabajo y su crianza. Con este panorama se asoman las primeras inquietudes:
Si bien las prácticas filosóficas pueden llevar a quienes desempeñan trabajos a reflexionar sobre sí mismos, sus condiciones de vida, crianza y ámbito laboral, esto no generará un cambio estructural en sus condiciones sociales ¿cómo impactará esto en sus vidas? Darse cuenta que no pueden hacer nada para cambiar el origen que se convierte en destino de vida: la desigualdad social. Justo por eso se trabaja tanto para una “mejor vida” y “más oportunidades” ¿Qué significa eso? ¿Mejor condición económica? ¿más y mejor trabajo?
Por otra parte, ¿cómo viven los hombres y mujeres con trabajos precarios los espacios urbanos en donde laboran, pero de los cuáles jamás podrán disfrutar? ¿Son conscientes y están de acuerdo con las dinámicas de gentrificación y turistificación que les dan trabajo pero a la vez los explota y perpetúan sus condiciones de desigualdad social? Partiendo de esta última pregunta, el imaginario social colectivo afirma que quienes tienen trabajos precarios son personas a las que no les interesa, no saben y/o no son capaces de generar una actitud crítica, si se asume que de hecho es el caso, ¿Cómo aplicar entonces las prácticas filosóficas?
Por último -solo en esta ocasión- partiendo del presupuesto de que su condición como trabajadores precarios se define y condiciona tanto su identidad, politicidad, situación económica, vulnerabilidad, ¿sólo por ello se convierten en malos padres y madres? ¿qué es lo que define una buena o mala práctica de crianza?
Antes de profundizar en lo anterior, se puede observar que se hacen de manifiesto algunos conceptos y categorías que implican el análisis de las realidades sociales configuradas por los trabajos precarios, y con ello el entendimiento y la reproducción de sus dinámicas laborales y de clase, entre otras cuestiones. Lograr relacionar estas ideas para crear una antesala a la investigación, forma parte de los escritos iniciales para el marco teórico de la tesis principal, especialmente para el desarrollo de aquellos apartados relacionados con las realidades sociales, la identidad laboral y la reproducción de clase.
LAS REDES DE LO COTIDIANO
La vida cotidiana es aquello que sucede. Nadie se escapa de lo cotidiano, esa vida que acontece sin importar clase, nacionalidad, religión, o cualquier otra circunstancia. Siguiendo a Agnes Heller (1970) “(…) esas circunstancias determinadas en las cuales los hombres se formulan fines son las relaciones y situaciones sociohumanas mismas mediadas por las cosas” (pág. 19). Así, la vida cotidiana es aquello que se vive sin importar el lugar social que se asigne por el trabajo o otra situación. Sin importar el lugar de enunciación[1].
El ser humano nace ya inserto en su cotidianeidad, es un ser ahí arrojado al mundo al mero estilo de Heidegger, el cual asimila su entorno para desarrollarse en él de manera óptima. Entre dichas asimilaciones, se encuentra la relación de clases sociales. Es decir, entre las múltiples circunstancias y relaciones que intervienen en la experiencia de lo cotidiano, las relaciones por clase social -y con ello del trabajo- influyen, además, en la percepción del yo.
En este punto, es menester aclarar que tanto la asimilación de la relación por clase como la identidad que se forma a través del trabajo, están a su vez mediadas por la modernidad. La modernidad entendida como modelo y modo de abordar el conocimiento (Gil, 2025). Por otra parte, la “modernidad tardía” como le ha llamado Guiddens (1994) es este conjunto de ideas, prácticas, discursos, etc. pertenecientes a un sistema abstracto o una estructura[2] que funciona con la globalización. Esto incluye redes sociales, sistemas financieros, clases sociales, internet, etc.
Sin embargo, el ritmo con el que esta estructura y sus elementos se modifican, es diferente para las distintas esferas sociales, generando, entre tantas cosas, un desarrollo desigual. De esta manera “La modernidad altera de manera radical la naturaleza de la vida social cotidiana y afecta los aspectos más personales de nuestra experiencia” (Guiddens, 1994, pág. 9).
A su vez, la representación del sistema abstracto (ya sea como fetichismo o como modo de producción en sí) coincide con la significación de la vida cotidiana, que se modifica según las estructuras económico-sociales. Habrá quiénes nazcan ya dentro de las dinámicas de desigualdad que configuran sus circunstancias y experiencias. Es así como el sujeto asimila la relación de clases sociales y va construyendo la realidad social, va codificando y entendiendo el mundo. El sujeto es, pues producto, expresión, heredero y preservador de dichas relaciones de clase (A. Heller, 1970) las cuáles surgen en la super-estructura.
En acuerdo con Berger y Luckmann (1995) para el análisis de la vida cotidiana se parte de manera consiente de que se están analizando interpretaciones, lo que interesa de dichas interpretaciones es el carácter intencional común que las personas tienen de la vida cotidiana. En esta dinámica social, se aprehende y se trata al otro por medio de esquemas tipificadores (esquemas de raza, género, clase, relaciones, carácter, etc.) los cuales pueden ser tan extensos como anónimos. A través de dichos esquemas se crean universos simbólicos para legitimar los comportamientos, y por tanto las instituciones sociales.
Esta estructura es parte esencial de la realidad de la vida cotidiana, y con ello de las clases sociales que a su vez se determinan en muchas de las ocasiones por el trabajo. “(…) se que soy pobre y que, por tanto, no puedo pretender vivir en un barrio elegante. Este conocimiento lo comparto, claro está, con aquellos que también son pobres y con aquellos que gozan de una situación más privilegiada.” (Berger y Luckmann, 1995, pág. 58)
Retomando, la manera en la que se configura la idea del “yo” esta articulada, entre otras cosas, por las dinámicas modernas capitalistas. Todo lo que el sujeto hace y consume, su entorno y su trabajo, determinan su percepción de sí mismo, sus prácticas y el establecimiento de sus propios fines. Pero lo cotidiano cuenta también con referencias que son compartidas por grupos de individuos y que son tomadas por obvias y naturales (Moreno, 2024). Dichas referencias también influyen en cómo el sujeto percibe al otro en el mundo.
Es así como se crean los imaginarios sociales. Según el sociólogo Cornelius Castoradis (1975) “los imaginarios sociales fungen como un sistema de codificación y aprehensión de la realidad a través de condensadores[3] de información de toda índole simbólica, se convierten mas que en una imagen en una cadena de ideas compartidas por grupos de individuos” (citado en Moreno, 2024, pág.48).
Moreno Hernández (2024) habla de cómo los trabajos también son construcciones sociales que brindan elementos para la configuración de imaginarios sociales. Aunado a esto, un imaginario laboral funciona como estructura simbólica que da orden y congruencia a formas de pensar y actuar derivadas del trabajo en relación con diferentes aspectos de la vida cotidiana (Niesto, 1998, citado en Moreno, 2024).
En ocasiones, quiénes están involucrados de manera familiar o social con los trabajos infravalorados, de riesgo o “sucios”[4], tienen un imaginario laboral distinto al hegemónico. Sin embargo, que ejerzan estas labores no quiere decir que ignoren los significados que la sociedad les atribuye, pero si los orilla a formar una identidad mas robusta que les permite enfrentar la realidad. (Moreno, 2024, pág. 49)
Con todo lo anterior, cabe destacar que son varios los autores (Heller,1970; Giddens.1994; Marinoff,2004) que abogan por la importancia del reconocimiento y trabajo en el “yo” del sujeto en la vida cotidiana. Para Heller (1970) hace falta un conocimiento del “yo” que permita elevar al sujeto de su cotidineidad; mientras que Guiddens (1994) habla de un “proyecto del yo”[5] para hacer referencia a la toma de conciencia sobre nuestra vida más allá del sistema abstracto para lograr una buena toma de decisiones. Por otra parte, Marinoff (2004) aboga a favor del sujeto como alguien que es capaz de romper con sus creencias para resolver un problema y que, además, puede hacerlo a través de la filosofía.
Como bien menciona Marinoff (2004), la vida ya es bastante complicada y estresante. Las personas, en las dificultades de su cotidianeidad, necesitan términos suficientemente amplios y profundos que les ayuden a entender sus inquietudes. “Lo que necesitan es diálogo, no un diagnóstico”[6] (pág. 19). De esta manera la filosofía se convierte en algo de uso personal que puede usarse para entender y atender lo que sucede en el mundo, y no solamente como algo que se encuentra en las instituciones ajena a la realidad de lo cotidiano.
En Más Platón y menos prozac:
Encontrará formas concretas de aplicar la filosofía al hacer frente a dilemas morales; a conflictos éticos en el ámbito profesional; a dificultades para para reconciliar su experiencia con sus creencias; a conflictos entre la razón y la emoción; a crisis de sentido, propósito o valores; a la búsqueda de la identidad personal; a las estrategias que es preciso seguir como padres; a la ansiedad ante un cambio en su trayectoria profesional; a la incapacidad de alcanzar sus objetivos; a los cambios de la mediana edad; a los problemas en sus relaciones personales; a la muerte de un ser querido o su propia mortalidad.” (Marinoff, 2004, pág. 32)
Antes de seguir, es preciso destacar que los problemas planteados por Marinoff en su texto no son necesariamente los problemas a los que se enfrentan hombres y mujeres que realizan algún tipo de trabajo infravalorado o catalogado como “sucio”. Las angustias y dificultades que viven los trabajadores en espacios tan concretos como La Paz, B.C.S. ciudad configurada bajo las dinámicas de la turistificación y la gentrificación, pueden llegar a ser bastante contradictorias, más cuando se cuestiona su que-hacer en los trabajos de reproducción de la fuerza de trabajo, mejor conocidos como trabajos de cuidado o crianza[7].
Con todo y lo anterior, para fines de este trabajo, se retoman principalmente dos elementos de los mencionados en la cita anterior: la búsqueda de identidad personal, y estrategias a seguir como padres. Se puede encontrar en Marinoff y su propuesta de filosofía aplicada[8] como punto nodal de intersección entre el “yo” de Heller (1970), el “proyecto del yo” de Guiddens (1994) y las inquietudes que dan origen a este análisis en relación con las labores o trabajos y las maternidades/crianzas precarias.
CONCLUSIÓN(ES)
“¿Trabajas para vivir o vives para trabajar? Cómo si tu clase social no la respondiera por sí sola. Cómo si tener una situación precaria no tuviera una única respuesta: vivo para trabajar porque trabajo para vivir.” (Oliver, 2022, pág. 57)
Mi conclusión en este análisis refuerza un poco mi hipótesis: el trabajo llega a determinar nuestra identidad y con ello nuestra percepción del yo. Dicha identidad, dependiendo de cada trabajo, se caracteriza por prácticas, dinámicas e ideologías que, a su vez, influyen en nuestras prácticas mas privadas como el caso de la crianza. No pretendo inferir que trabajos precarios generen malos padres o malas crianzas, sino que actitudes generadas en ciertos trabajos con cargas de género o raciales -por mencionar algunos- pueden llegar a proyectarse también en la crianza.
Además, aún presento cierto cuidado al utilizar maternidades o crianzas precarias, ya que en la literatura revisada siempre se asume que quienes realizan las labores de crianza son las madres incluso cuando tienen parejas involucradas y responsables, por ello se asume como sinónimo hablar de maternidades y crianza. Sin embargo, considero estos conceptos merecen un análisis más detallado para destacar no solo las diferencias semánticas sino también prácticas.
Por otra parte, también se habla de trabajos precarios y “sucios” haciendo referencia no solo en el sentido estricto de la definición[9], sino también entendiendo que las nuevas dinámicas laborales por mas beneficios que nos brinden siguen siendo lo que Diana Oliver (2022) expresa como privilegios precarios. Es decir, trabajos que nos brindan un salario suficiente para pagar una renta, pero no para comprar una casa; para mantener una vida sin pareja, pero no una familia; un trabajo que nos brindan un seguro para llevar a cabo nuestra reproducción, pero no la maternidad.
Finalmente, en la ciudad de La Paz, B.C.S. una gran cantidad de trabajos se ven permeados por la dinámica turística y la gentrificación. Cada vez es más común ver distintos tipos de trabajos precarios (tomando en cuenta las condiciones mencionadas anteriormente) y no solo aquellos los que el imaginario social asocia con labores desestimadas o infravaloradas. Trabajos como meseros, albañiles, trabajadoras domésticas, freelancer en relación con distintos tipos de servicios para turistas y extranjeros, viven de la misma dinámica económica que perpetúa su precariedad. “Hemos normalizado la precariedad laboral. Convivimos con ella. Maternamos con ella” (Oliver, 2022, pág. 59).
[1] Referencia al texto Archipiélagos en el desierto, imágenes que piensan sobre el vuelo de una vida desgarrada: apuntes a una crítica de la enunciación como revés de la dominación de Nuria Gil (2025) en la plataforma de Antihistoria.
[2] En Marx, la estructura se refiere a la base real material sobre la que se fundamenta la realidad social y se compone por las relaciones de producción. Por otra parte, la super-estructura es todo aquello que se crea sobre la base material: estado, filosofía, ideologías, etc. La principal función de dicha super-estructura es legitimar y consolidar la estructura económica dominante.
[3] En este caso, se refiere a los imaginarios sociales son una manera de almacenar y liberar información de diversas fuentes en un punto de acción determinado. Para fines de este trabajo, se podría pensar que los imaginarios sociales guardan información en relación con la clase, género, raza, etc. que se libera en prácticas cómo el trabajo.
[4] Término acuñado en 1951 por Everett Hughes en referencia a los trabajos más precarios, y que nadie quería realizar, que se llevaban a cabo en los campos de concentración. “Son trabajos que en un principio son desestimados por estar vinculados a la suciedad o dificultad que se manifiestan en su desempeño” (Moreno, 2024, pág. 51)
[5] Son las respuestas del individuo ante los sistemas abstractos y las influencias universalizadoras donde el “yo” como proyecto reflexivo ejerce su poder para filtrar, elegir y dar significado. Se entiende por influencia universalizadora a las ideas prácticas, conocimientos, etc. que se originan en la modernidad y van homogeneizando la vida social del planeta buscando imponer una lógica mundial. (Guiddens, 1994)
[6] A propósito de la reciente mercantilización de la salud mental y como el uso de redes sociales a llevado al autodiagnóstico para la justificación de conductas y resolución de problemas personales.
[7] Para Marx, la fuerza de trabajo asalariado inicia (y solo puede darse) en el taller y la fábrica, dejando el hogar como espacio de explotación para las mujeres. No es lo mismo la reproducción del mercado, que corresponde a los hombres, y la reproducción de la fuerza de trabajo, dedicada a las mujeres como una labor no remunerada. (Campillo, 2021)
[8] El termino de práctica filosófica es acuñado por primera vez en 1981 por Gerd Achenbach para referirse a la orientación o consultoría filosóficas. Sin embargo, ya desde 1920 Leonard Nelson diseña un método de enseñanza que no se enfoca en la transmisión de la historia de la filosofía o sus grandes teorías, sino en aprender a filosofar con el diálogo socrático (Arnaiz, 2007). En la actualidad se reconocen cinco principales prácticas: filosofía con/para niños, talleres filosóficos, cafés filosóficos, consultorías filosóficas y filosofía para organizaciones.
[9] Se entiende por trabajo precario a aquel trabajo inestable, con bajo salario, inseguridad, carente de prestaciones de ley y beneficios limitados.
BIBLIOGRAFIA
- Berger, P. L., & Luckmann, T. (1995). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu editores.
- Campillo, R. (12 de Julio de 2021). Antihistoria. Obtenido de Apuntes sobre <El patriarcado del salario>: https://antihistoria.org/2021/07/12/apuntes-sobre-el-patriarcado-del-salario-ricardo-campillo/
- Gil, N. (15 de octubre de 2025). Antihistoria. Obtenido de Arichipiélagos en el desierto, imágenes que piensan sobre el vuelo de una vida desgarrada: apuntes para una crítica de la enunciación como revés de la dominación.: https://antihistoria.org/2025/10/15/archipiela-gos-en-el-desierto-imagenes-que-piensan-sobre-el-vuelo-de-una-vida-desgarrada-apuntes-para-una-critica-de-la-enunciacion-como-reves-de-la-dominacion-nuria-gil/
- Guiddens, A. (1994). Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época moderna. Barcelona: Ediciones península.
- Heller, A. (1970). Historia y vida cotidiana. Aportaciones a la sociología socialista. Barcelona: Grijalbo.
- Hernández, E. A. (2024). Los albañiles y el trabajo sucio: los imaginarios sociales de los trabajadores de la construcción en la ciudad de Querétaro. Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro.
- Oliver, D. (2022). Maternidades precarias. Tener hijos en el mundo actual: entre el privilegio y la incertidumbre. Madrid: arpa.

