“They sentenced me to twenty years of boredom
For trying to change the system from within”
Leonard Cohen. First We Take Manhattan
Una carta nos es recibida por nosotros desde un callejón sin salida. Jacques Camatte, importante pensador comunista, escribe en 1973 en medio de una jornada de movilización estudiantil que tuvo su génesis histórico en el ya mitológico Mayo Francés de 1968. En un momento en el que una cantidad considerable de seres se han planteado mentalmente contra los esquemas represivos del capitalismo occidental y se posicionado contra el control burocrático de los países del socialismo realmente existente, y no solo eso, han pasado a la ofensiva, se podría escribir de forma extasiada y optimista sobre la posibilidad de la ansiada Revolución, la definitiva, la permanente, la final. Pero en vez de esto, Camatte lega una capsula del tiempo, un mensaje en una botella para sus contemporáneos y para las futuras generaciones, un balance general de la deriva que el movimiento real que anula todas las cosas, el comunismo, ha sufrido. El callejón sin salida es tan alto que nos cubre en la sombra, y en medio de la penumbra, Camatte llega a nombrar a la pared que nos detiene: el muro es el proletariado. La historia de su domesticación es la perpetuación de nuestra inmovilidad.
Para Camatte, la domesticación es el proceso surgido de la lucha de clases donde el capital resultaba victorioso sobre la acumulación y sobre los revolucionarios, forzados a vivir dentro de las categorías del sistema. En dicho proceso, el indómito proletariado resultante de una metamorfosis institucional renace como prótesis del capital, recomponiendo su ser a la servidumbre. Camatte apunta la universalidad de este proceso, por lo que me atrevo a decir que, dentro del territorio administrado por el Estado Mexicano, dicho proceso se llevó a cabo por los triunfadores de la revolución mexicana: los constitucionalistas y sus más exitosos herederos: los corporativistas del PRI. Se entiende entonces como la salvaje fuerza trabajadora mexicana -obrera y campesina- revuelta bajo el Partido Liberal de los hermanos Flores Magón, de Rio Blanco y Cananea, así como de la comuna de Morelos, deviniera en masa anexa a las filas del partido de las instituciones, que mediante sus corporaciones firmaba el voto de las clases oprimidas, que conciliaba y reprimía con la misma mano. Desde su trinchera, José Revueltas apuntaría que este proceso “degolló” al cuerpo revolucionario, afirmando que el proletariado se hallaba sin cabeza. Siguiendo este orden, la barbarie de Tlatelolco, del Halconazo y de la Guerra Sucia era el fin totalmente lógico ante el desenvolvimiento de la historia.
Frente a la inmovilidad de un proletariado sin pensamiento que amenace a la producción de mercancías, Camatte alaba a los estudiantes de la generación del 68. En su afán insurrecto, los jóvenes mofaban de las instituciones del capital:el ejército, la universidad, la familia; mientras huían de los cuerpos que el capital había construido para capitalizarlos: partidos, sindicatos, grupúsculos. UNA SUBLEVACIÓN POR LA VIDA. La euforia adolescente como ácido capaz de abolir cadenas, la energía juvenil como repelente de la institucionalización.
Como es lógico, Camatte plantea su mirada sobre la revolución de los oprimidos. Directamente dice que “la revolución ya no es propiamente un sinónimo de destrucción de lo antiguo, de lo conservador, puesto que esto ya lo ha llevado a cabo el capital.” ¿Qué le queda a la Revolución? Camatte crítica la mínima praxis de una izquierda enfocada a la radical tarea de repartir volantes, hacer paseos a la que llamar marchas y enfrentarse con las macanas de las fuerzas del orden. Un modelo de provocación-represión-subversión que mata a más comunistas de los que crea. También se extiende sobre la posición autogestiva de los centros de trabajo, a lo que Camatte responde: “Así es como los prisioneros del sistema toman sus prisiones, para poder gestionar mejor su encarcelamiento.” Entonces, ¿Dónde está el campo de nuestra batalla? La ciudad la ganaron los burgueses jacobinos en 1789, y el campo fue de los burgueses maoístas desde 1949. La lucha contra el valor se encuentra afuera de toda civilización capitalista, incluso afuera de la razón misma. La irracionalidad como programa irrealizable por el capital, como la piedra angular en la que fundaremos nuestro comunismo: la revolución (en su sentido mecánico, la vuelta) a la comunidad humana, la reconciliación de la Gemeinwesen.
La revolución no es labor de los revolucionarios. De hecho, para Camatte, son ellos quienes menos ansían la revolución. Al tratarse de una necesidad histórica de la humanidad, al estallar la ruptura total con el orden capitalista, no habrá nadie que defienda al antiguo sistema de cosas. No se trata de una reconciliación mesiánica entre todos los corderos del señor, si no de un enfrentamiento contra toda voz regresista: todo espíritu dictatorial, todo espíritu sectario. La labor de la humanidad desencadenada es la mediación entre la acción revolucionaria y el cuidado ante los excesos de estos.
Aquí es cuando la carta pierde rumbo y las esperanzan empiezan a inundar de optimismo la tinta con la que se escribió. A la par que el 68 Internacional sacudió a Francia, a Checoslovaquia y a México, Camatte engloba en la lista a países en vías de desarrollo como Ceilán, el Zaire, Senegal, Túnez. Envolvía a todos estos fenómenos en la bandera de la antidomesticación. Finalmente, se cerraría la carta con la última de las profecías: Una apertura del ciclo revolucionario de 1975 a 1980. 1973 nos regresa la mirada. Es nuestro turno de volver al frente.
La teoría de Camatte de la domesticación es un elemento importante de una generación comprometida con el cambio total – no solo del modo de producción capitalista, si no con la forma de vida engendrada por la sociedad de clases- Camatte es crítico de las formas con la que la izquierda tradicional y la ultraizquierda de la época habían participado de la insurrección mundial, de cómo los revolucionarios se tornaban condescendientes con un movimiento social mucho más grande que lo que ocurrió entre los panfletos y los manifiestos. Aunque los postulas de Camatte estuvieron acompañados de pasos en falso, la carta que es su cuerpo teórico nos sirve para orientar la lucha hacia las metas históricas de nuestra lucha, mirar más allá de lo evidente, extender los brazos más allá de lo que nos deja las camisas de fuerzas y tomarnos de las manos como humanidad hacia un futuro mas elevado.

