Los límites del Estado: Hacia una crítica de larga duración – Arnoldo Diaz

El sistema capitalista es la crisis. Una crisis que parece perpetua pero no lo es, y que hoy se encuentra en un punto que podría ser terminal. Dicha crisis nos enfrenta con un futuro poco alentador y un presente sin mucho que ofrecer a las nuevas generaciones que se enfrentan al mundo de las jerarquías del hombre, blanco, heterosexual, adulto y rico.

México, el país desde donde solemos escribir, se pueden encontrar tres grietas que ponen en jaque la estabilidad del sistema capitalista: a) El movimiento indígena, que es muy diverso pero que identificamos en el EZLN-CNI como la propuesta política que entra en mayor contradicción con la lógica del sistema; b) El movimiento feminista, igual de diverso pero que bajo la lucha a favor del aborto y contra la guerra hacia las mujeres a demostrado la inoperancia del Estado –o mejor dicho, su verdadero funcionamiento; c) El movimiento estudiantil, que a su vez puede dividirse entre los movimientos urbanos donde las feministas han desarrollado una lucha constante contra el acoso y la violencia, los movimientos rurales de mayor tradición donde las Normales Rurales continúan la lucha contra la desaparición de sus escuelas y compañeros, y en general las tradicionales manifestaciones contra los altos precios o la falta de cupo en las universidades públicas del país.

Los tres movimientos se han topado con un mismo límite, un mismo muro: el Estado. Es necesario aclarar que entendemos por Estado el conjunto de las instituciones que regulan la vida social; por ejemplo, las instituciones religiosas que borran el pensamiento divergente, así como intentan regular la reproducción y el placer, lo mismo podríamos decir de los diversos niveles de gobierno, la escuela, el ejército, la familia, etc.

Partir de esta concepción nos permite comprender las conexiones y la razón detrás de la dominación. Quienes ya han recorrido ese camino hablan de una continuidad en los sistemas clasistas donde persisten las mismas características: Patriarcado, ciudad y Estado, es decir, la Civilización.

Alrededor de 5000 años de cultura masculina, guerrera, “paternal” en Asia, y poco más de 500 años en América, un enemigo tan enorme merece ser disecado y comprendido no desde sus ficciones sino desde su desenvolvimiento y para ello hay que voltear a ver su historia. Estas son unas notas iniciales para emprender ese estudio.

¿El fin de la historia?

Partamos del conocimiento de nuestro tiempo. El neoliberalismo es una vuelta al capítulo del capitalismo salvaje en la novela llamada Civilización. Que por supuesto, tiene sus diferencias y similitudes con el resto de la historia. El sueño burgués, el capitalismo sin máscaras, donde el Estado únicamente sirve para vigilar y castigar lo que para ellos es mano de obra barata. Mientras que toda posibilidad de seguridad económica y ambiental van desapareciendo, la policía y los ejércitos siguen desarrollando su equipamiento, mejorando sus tácticas de represión y asimilación.

El momento definitivo para el desarrollo de este momento en el tiempo capitalista se puede encontrar en la crisis económica que va de 1973 a 1982. Según Ernest Mandel esta crisis fue el resultado típico de la sobreproducción, algo bastante típico en el sistema capitalista, pensemos por ejemplo en la Gran Depresión de 1929. La causas para la crisis 73-82 se pueden encontrar en el industrialismo o la explotación a gran escala del proletariado que realizaron el fascismo, el capitalismo y el socialismo, lo que llevó primero a un periodo de bonanza para después caer en la básica contradicción capitalista de producir por encima de la necesidad sin que exista la posibilidad de consumir esa producción. Pero también en los elevados gastos del recurso público en armamento, principalmente para combatir en Vietnam (Mandel, 1980).

La solución a la crisis del 73-82 fue el rescate de los empresarios por parte del Estado, el ascenso de la derecha y el aceleramiento de la privatización de servicios básicos. En este periodo se confirma que el Estado es un instrumento que las clases sociales pueden utilizar para imponer sus ideales, así como sostenía el marxismo y el nacionalismo revolucionario, el problema es que quienes toman el control fue la clase burguesa, una vez más.

No nos equivoquemos, el hecho de que se haya vivido una época donde el Estado era capaz de proporcionar un nivel de vida más o menos decente a sus ciudadanos (modelo keynesiano) no quiere decir que la clase burguesa no haya tenido poder o influencia sobre él. Simplemente es un periodo donde, ante la ola de revoluciones y revueltas, era necesario perfeccionar el papel original del Estado: vigilar y administrar.

Cuando vieron la posibilidad de volver a las dinámicas salvajes del capitalismo, no desaprovecharon la oportunidad. Las responsabilidades que se habían adjudicado al gobierno se vuelven a privatizar: educación, vivienda, salud, gas, luz, etc., lo público desaparece como la ficción que siempre fue para terminar de convertir la vida en una mercancía. Cabe aclarar que este proceso no tiene nada de natural[i] y mucho menos de pacífico, fue cuestión de dominación, el “nuevo” bagaje teórico se impuso.

El clásico ejemplo es a su vez el primero y el más drástico. Cuando Pinochet asume el poder en Chile en 1973, éste es asesorado por los Chicago Boys, un grupo de economistas predicadores del neoliberalismo y discípulos del Milton Freedman, quienes realizaron una serie de reformas privatizadoras tanto en los servicios del gobierno como en las explotaciones de la naturaleza (Harvey, 2006: pp. 12-13). La desigualdad y la represión era insoportable, lo que sumió al país en décadas de luchas en contra del encarecimiento de la vida que hoy llegan a un punto clave con el logro de decidir cambiar la constitución que se escribió durante dictadura.

Desde entonces este modelo se ha ido imponiendo en los países imperiales y en sus colonias. México fue uno de los primeros en unirse a este modelo, aceptando las condiciones del Fondo Monetario Internacional en 1982 para tratar de sobrevivir a la crisis que se venía arrastrando (Harvey, 2006: p. 23). Esto representa el principio del fin del modelo Keynesiano en el país, sus resultados fueron la privatización de industrias, servicios y tierras, el TLC y las reformas estructurales de Peña Nieto, son continuaciones de este proceso; una de las respuestas, por supuesto, fue el levantamiento del EZLN en 1994.

Privatizando los servicios y las industrias, que el Estado mantenía para asegurar el control tanto de la economía como de la población civil, este conjunto de instituciones se limita función esencial: la defensa de los intereses de clase, por supuesto, de la burguesía o dueños de los medios de producción.

Se han identificado algunos métodos comunes en el neoliberalismo para asegurar la expropiación y explotación, entre ellos: 1) privatización de la tierra, 2) desplazamiento forzoso de pueblos enteros, 3) conversión del tipo de propiedad en propiedad privada, 4) supresión de alternativas de consumo y producción, 5) apropiación de bienes y conocimientos, 6) Monetización del intercambio, 7) Impuestos, 8) Mercado de esclavos, 9) Deudas nacionales, y 10) Sistema de créditos (Harvey, 2006: p. 43).

No hace falta ser un experto en la historia del mundo para darse cuenta de que muchos de estos métodos se han repetido a lo largo de la historia y a lo ancho del planeta. En sí mismo, la privatización de la tierra es considerado en la historiografía marxista como el punto de inicio para la historia de las civilizaciones clasistas, complementado con el punto 2 y 3 encontramos los orígenes mismos del sistema capitalista.

Ya en 2015 Wallerstein identificaba una nueva crisis sin solución. Nos explica que estas crisis cíclicas de las que hablaba Mandel no se reinician, es decir, no terminan en el punto donde empiezan, sino en un momento más alto, por lo que no se sienten como un retroceso sino como un estancamiento de la economía[ii] (Wallerstein, 2015, p. 265). Pero para en la época del neoliberalismo no es posible volver a las condiciones del pasado, su propio desarrollo ha eliminado esa posibilidad, pues no hay un punto que pudiéramos considerar de apogeo, por lo tanto, plantea el inicio del fin del horizonte del capitalismo. ¿Pero esto significa también el fin del Estado y de la Civilización?

El problema de los pronósticos y esperanzas tanto de Wallerstein como de Harvey, es que limitan su entendimiento de las crisis del capital, reduciendo las posibilidades de la convivencia humana a dos caras de la misma moneda: el Estado policiaco de lo privado o el Estado burocrático de lo público. Consideramos que para abandonar esa falsa dicotomía es necesario hacer un examen crítico no solo de toda la historia del capitalismo, tenemos que ir un tanto más lejos y quitar las máscaras de lo que se nos plantea como única opción.  

Por eso se hace necesario repensar los orígenes de lo que llamamos Civilización, si es que pretendemos hacer una transformación de raíz. La filosofía y las ciencias sociales han tratado de resolver un problema que solo puede resolverse en la praxis. Por esto no planteamos soluciones, sino que remarcamos puntos que consideramos importantes en nuestra accionar.

Lo que nos interesa por ahora es establecer puntos en común entre diferentes teorías e interpretaciones que nos permitan establecer una historia del Estado no solo en su etapa de Nación y como institución capitalista sino como una de las bases de la Civilización, cuyo origen se remonta a lo que llamamos prehistoria periodo que nos muestra tanto la complejidad como las debilidades del enemigo al que nos enfrentemos.

Aunque parezca lejano, el estudio de la prehistoria nos da las bases para derrumbarlo todo, pues nos permite desarrollar una crítica más allá de nuestro tiempo, nuestro espacio y más allá de los límites ideológicos, aunque por supuesto no es un campo exento ni de la ideología burguesa ni de las proletarias.

Para adentrarnos en esta historia tenemos que hacer una pequeña parada para explicar algunas herramientas para el estudio del periodo, algunos conflictos básicos de interpretación y algunos avances de las ciencias y las revueltas epistemológicas.

Historia ¿Para qué?

Cuando solemos hablar de prehistoria -pensando tal vez en Morgan, Engels o en Kropotkin- estamos hablando mayoritariamente de la transición de la humanidad hacia la organización jerárquica, ese brinco al que llamamos revolución neolítica, un momento de la historia en donde es completamente imposible crear una interpretación generalizadora, mucho menos absoluta.

La preocupación por la prehistoria no se basa solamente en tratar de encontrar el pecado original que nos llevó a tener como resultado esta existencia. Comparto la idea de E. P. Thompson cuando plantea que si es posible construir un futuro diferente será necesario que nazca de la experiencia del pasado y no de la cabeza de algún teórico (2008, IV). El problema es ¿Cuál historia?

Lo que llamamos Historia Universal, difundida hasta hoy en todas las escuelas es, claramente, limitada y arbitraria. Podemos argumentar varias cosas que podemos criticarle a esta historia, pero en general podemos decir que es una historia autoritaria, basada en el relato de las transformaciones de las autoridades a lo largo de los siglos. Por lo tanto, la Historia Universal se convierte en un espejo, se vuelve igual de patriarcal, racista y elitista, así como la autoridad misma.

Todo lo que no entra en esa historia es prehistoria, salvajismo, atraso, inculto, animal; en oposición, la Civilización es conocimiento, progreso, desarrollo, y por supuesto: orden, el cuál es solo conseguible a través de un Estado y una ciudad. La Civilización es totalizadora -más no es absoluta- y bajo esa pretensión arremete violentamente contra todo lo que se sale de sus esquemas, de ahí que Walter Benjamín dijera que “No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie”.

Precisamente la Historia Universal no es otra cosa más que la interpretación de los documentos de la Civilización para entonces presentarlos como la única salida, tal como se presenta hoy al neoliberalismo. Pero si somos capaces, siguiendo a Benjamín, de reinterpretar la historia a contrapelo, seremos capaces de ver las grietas, las experiencias y expresiones de quienes no lograron escribir su historia, o que no se encuentra en sus registros oficiales.

Un rápido ejemplo de esto es el de la historiadora Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí quien reinterpretó tanto la tradición oral como los registros de los historiadores nigerianos que ignoraron por completo el papel de la mujer en la tierra Yorùbá, su principal fuente es una lista de monarcas que se realizó bajo los modelos occidentales de la escritura de la historia que tuvieron que inventar las categorías de hombre y mujer en donde no existían (2017).

La autora explica este proceso:

Sin embargo, esta invención no fue sistemática. Su estímulo original enraizó en la suposición de que el género es un modo natural de categorización en cualquier sociedad y que el privilegio masculino es la expresión definitiva de dicha categorización. En general, esta suposición fue importada desde el modelo histórico europeo, debido a la colonización y el entrenamiento educativo de historiadores e historiadoras de origen Africano, quienes no se desviaron del modelo occidental, al que tenían como referencia y aceptaron como dado (Oyěwùmí, 2017: p. 156)

La búsqueda de la verdad universal a llevado a observar los mismos problemas en todas partes. Otro ejemplo es la reinterpretación que hace Abdhulla Öcalan de los orígenes de la Civilización. En esto comparte con Oyěwùmí la idea de la reinterpretación de la historia de la civilización y redefine no solo el papel de la mujer en la sociedad sino la existencia de una civilización contraria, más cercana a la naturaleza y a la comunidad, a la que llama la civilización democrática (Öcalan, 2017).

El problema de Öcalan es que sus lecturas no pueden ir más allá de los límites de su memoria y su cárcel. Pero en los pocos momentos de estabilidad en las montañas kurdas se han hecho nuevos descubrimientos que, vistos bajo los ojos críticos de la Jineologi, han reforzado esta la hipótesis sobre existencia de una civilización democrática que podríamos designar como matriarcal y no por ello inculta, falta de arte o escritura, salvaje.

¿Y por qué la duda de llamarle civilización matriarcal? Pues porque para el pensamiento civilizatorio-positivista no existen evidencias de que las mujeres ejercieran dominación hacia los hombres. Pero esto es un oxímoron ya que la dominación y la formación de un Estado no eran posibles sin las características del control patriarcal, sin que esto signifique una ausencia de cultura.

Marija Gimbutas encontró rasgos de una civilización que se expandió en toda la Europa antigua cuyo culto en común gira alrededor de la idea de una diosa madre, este culto basado principalmente en la perspectiva de la tierra como una madre renovadora que da la vida a todo y por ello está presente en todo, de ahí que su arte gira en torno a los cuerpos femeninos.

Pero lo que a simple vista pareciera simple arte y pensamiento mágico es en realidad la ventana desde donde podemos ver otras maneras de vivir, de conectarse con el mundo, más allá de la Civilización del guerrero, el sacerdote y anciano. También posiciona una nueva hipótesis del cómo nace la desigualdad en las sociedades humanas, la cual ha tomado por asalto al mundo de la academia y el socialismo.

Engels, en el siglo XIX, se apoyó de Morgan y Bachofen, para instaurar la versión socialista del pecado original, siendo la creación de la división del trabajo el origen del sistema de clases  (Engels, 1980). De esta manera el marxismo se ha centrado en atacar las contradicciones económicas del sistema capitalista, resultando en una priorización de las luchas de carácter salarial o territorial a lo largo del siglo XX, pero el siglo XXI ha dado paso a una nueva interpretación de esta historia.

Tanto el feminismo como la Jineologi, han reinterpretado esta versión, profundizando en el conocimiento de la prehistoria y su vida cotidiana. Ahí se ha podido encontrar que antes de que la tríada patriarcal (guerrero-sacerdote-anciano/juez) se lanzara por la tierra, desarticuló la sociedad de las mujeres. La guerra contra las mujeres, su sometimiento es el verdadero origen de la Civilización y con ello del patriarcado, la ciudad y por supuesto, el Estado.

Pero la historia no es lineal, el pensar que el cataclismo llega y transforma de inmediato al planeta es justamente la manera más sencilla de invisibilizar las batallas que tuvieron que darse en el día a día para que la Civilización llegase a donde está. Por ejemplo, en lo que llamaron América se afirma que no existía la propiedad privada como tal, pero eso no fue impedimento para el desarrollo del imperio mexica y su lógica de guerra, impuestos y religión (León-Portillo, 1980). De ahí afirmar que la Civilización es más ideología que economía, en próximas entregas profundizaremos sobre esto donde retomaremos a Engels y a Kropotkin.

Releer a Thompson me parece vital en ese sentido. Ya que su categoría de experiencia nos ayuda a mantener los pies en la tierra y al mismo tiempo ir más allá de las explicaciones fáciles, la definición es la siguiente: [la experiencia es] la respuesta mental y emocional, ya sea de un individuo o un grupo social, a eventos entrelazados o a muchas repeticiones del mismo tipo de evento[iii] (Thompson, 2008: p. 7).

Con esta definición Thompson lo que hace es reafirmar que cualquier tipo de institución es creada por personas que viven y por lo tanto piensan, sienten y actúan en base a ello. Por lo tanto, esas mismas personas son capaces de destruirlas. En pocas palabras, la historia la escribirán los vencedores, pero la construimos quienes vivimos.

Volviendo al punto inicial de este texto, en la historia de las mujeres y de los pueblos originarios (de América y el mundo) podemos encontrar experiencias en el sentido que le da Thompson a la palabra, la repetición de cierto tipo de eventos no es casualidad. Así como en la revolución neolítica se da una guerra contra la mujer que va ganando poco a poco el hombre, durante el mal llamado «Renacimiento» se logró destruir los remanentes de la cultura democrática de la mujer con la caza de brujas.

La compañera Nuria Gil ya habló de esto en su texto Capitalismo y división sexual del trabajo donde, apoyándose en Silvia Federici, muestra a la caza de brujas como una nueva guerra contra la mujer en búsqueda de la acumulación de medios de producción, concepto en el que entraban perfectamente las mujeres según el pensamiento racional. Al comparar ambas guerras patriarcales con el presente neoliberal abrimos una constelación de experiencias, de dominación y resistencias que se hace necesaria estudiar. La misma Federici amplía estas conexiones a la experiencia de conquista en América y su paralelo, la caza de brujas (2010).

Podríamos volver a citar las características que dimos sobre el neoliberalismo según Harvey para hablar de ambos procesos, y concordamos con él que el neoliberalismo, como punto máximo de la dominación de la clase burguesa (el parásito de la Civilización) representa un riesgo para la existencia de la humanidad. De ahí nuestra insistencia en comprenderlo desde un punto de vista de larga duración.

¿El principio del fin?

No volteamos a ver a la historia porque ofrezca las verdades absolutas de lo que se debe o no se debe hacer, sino porque encontramos en ella las muestras de que la Civilización no es absoluta. Que es combatible, que no es la única solución y que no existe una sola alternativa para luchar contra ella. Y eso implica luchar contra sus fundamentos: el Patriarcado, la Ciudad y el Estado (Öcalan, 2017).

Pero para combatirla hay que comprenderla, no solamente en la inmediatez, sino en la raíz, de ahí que se busque hacer un cambio radical del sistema. Posicionarnos en nuestro contexto, así como en nuestra responsabilidad histórica es necesaria para poder desarrollar una praxis que pretenda ser liberadora, no ideologizada.

Criticar al Estado en las diferentes facetas que éste ha desarrollado sobre la sociedad nos permite romper la idea de la única vía -slogan neoliberal- incluso las supuestas soluciones equilibradas como las terceras vías del socialismo –estatista- del siglo XXI. Abriendo así, el horizonte a nuevas formas de vivir.

Arnoldo Diaz

Bibliografía

Engels, F. (1980) “El origen del Familia, el Estado y la Propiedad Privada” en Marx, C. y Engels, F. (1980) Obras Escogidas t. III. Editorial Progreso (diferente edición en línea)

Federici, S. (2010) Calibán y la bruja. Mujeres cuerpo y acumulación originaria. Traficante de Sueños.

Harvey, D, (2006) Spaces of global capitalism. Towards a theory of uneven geographical development. Verso.

León-Portilla, M. (1980) Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. UNAM. (diferente edición en línea)

Mandel, E. (1980) La crisis 1974-1980. Interpretación marxista de los hechos. Era.

Öcalan, A. (2017) Orígenes de la Civilización. La era de los dioses enmascarados y los reyes encubiertos. Fondo editorial Ambrosía.

Oyěwùmí, O. (2017) La invención de las mujeres. Una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género. Editorial en la frontera

Thompson, E.P. (2008) The poverty of theory and other essays. Monthly Review Press Classics

Wallerstein. I. (2015) “Los movimientos antisistémicos y el futuro del capitalismo” en El Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista t. II.


[i] Harvey argumenta que en los casos de China y la URSS este proceso es “natural” al ser países donde la continuidad de las familias burguesas se ve interrumpida abruptamente por sus revoluciones y purgas. Sin embargo, la continuidad que buscamos no se encuentra en las familias, sino en sus formas de dominación y su reproducción por otro grupo de personas, en este caso el partido-Gobierno.

[ii] Los ciclos del capital suelen dividirse en Formación-Apogeo-Crisis, al momento de la crisis, la economía capitalista se retrae, pero no puede volver a su momento de formación, sino que vuelve a las condiciones del apogeo, lo que representa un retroceso, pero no se le ve como tal porque los niveles de la vida se mantienen en lo que era visto como el punto máximo de desarrollo.

[iii] Traducción del autor

2 comentarios sobre “Los límites del Estado: Hacia una crítica de larga duración – Arnoldo Diaz

  1. Me parece vital abrir nuevos debates. Una vez hecho esto, se hace más que necesario la precisión y la distinción. No creo que se deba mirar tan atrás para encontrar una respuesta a cualquier problemática actual: si así fuera, dejamos a la inmensa mayoría de la gente que poco y nada entienden de revolución neolítica, matriarcado y transformaciones de la propiedad. Me parece un salto muy largo y arriesgado enlazar la lucha contra la mujer desde esa mencionada revolución y el Renacimiento! Hoy, coincidimos, el Estado, la democracia formal que lo justifica y el sistema capitalista que triunfó luego de la revolución neoconservadora de los ochenta están agotados, pero no porque no funcionen, sino porque no dan respuestas a las demandas de la gente, basadas en derechos o necesidades. Creo que aquí está el numen de la cuestión, y es ahí donde abrevarán la historia y los pueblos.
    Ejemplos más contundentes e interesantes me parecen en este sentido los de las autonomías y los movimientos separatistas en diversos lugares del mundo, regidos por gobiernos de distinto tinte ideológico (ahí entra el zapatismo). Y se dan no solo en estados, sino también en provincias y localidades pequeñas. Hay ahí una búsqueda, una salida, una alternativa a un modelo que no dio respuestas, por más democrático que siga pareciendo. Esos movimientos, al ser comunitarios, están emparentados con las luchas de las minorías, el ambiente, una nueva forma de hacer economía, una nueva forma de hacer política, en fin. Son incipientes, pero es algo fresco, nuevo, original, profundamente práctico y con espíritu de construcción: no se molestan en combatir a otro más poderoso, buscan algo más propio, más nuestro, más útil. Habrá que prestarle atención ya que es un proceso en marcha.

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    1. El autor responde: 1- No se excluye a la gente que no sabe o no entiende el proceso de la revolución neolítica, el matriarcado o la propiedad, por el contrario, esta es una pequeña introducción que explica el por qué es necesario entender estos conceptos en la larga y profunda historia. Pues como se dijo, aunque parezcan cosas lejanas nos atraviesan y son la base de nuestras instituciones.
      2- Es un salto muy largo, pero no arriesgado, basta con comparar leyes y prácticas para encontrar no solo similitudes, sino continuidades en los proceso de opresión. Recomiendo a Federici y a Gimbutas para profundizar en ello.
      3- Reducir los problemas actuales a lo que ocurrió en los 80’s es limitar la interpretación del Estado, lo que nos lleva a pensar cosas como que un Estado que da «respuesta a las demandas de la gente» va a cambiar las condiciones de explotación. Cosa con la que estamos en desacuerdo y por ello dejamos en claro que para no caer en el análisis contra el neoliberalismo que solo busca la reconstrucción del poder económico del Estado.
      4- No consideramos que el zapatismo sea un movimiento separatista, y tampoco pensamos en el Estado como una unidad territorial. Pero nuestra línea va en el reconocimiento de éstas prácticas, las que consideramos parte de la herencia de la civilización democrática de la que se habla en estas líneas. Recomendamos revise la sección de «Revueltas epistemológicas» donde puede leer tanto nuestras posiciones como las voces de algunos movimientos que siguen líneas parecidas como el zapatismo, el confederalismo democrático y la minga.
      Gracias por su lectura y comentarios.

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